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Giros de 180º, artistas totales y “Planet Caravans”

Renovaciones y singularidades. Fue Miguel de Unamuno quien dijo que el progreso consistía en renovarse. Esta misma frase se renovó pasando a ser conocida como el dicho popular que bien podría definir de forma acertada a la industria de la música: «Renovarse o morir». Si bien, no siempre la renovación es un acto constante, pudiendo darse más como una alteración, como una excepción, en la línea habitual en la que está un grupo en un momento concreto, sin ser necesariamente un punto de no retorno en el estilo imperante de la discografía de estos.

La renovación total es probablemente la acción más arriesgada que puede hacer un artista (en cualquier ámbito) en su carrera, siendo algo que puede dividir tanto a crítica, público y a la propia banda en caso de ser más de uno. Hay casos célebres marcados por determinadas circunstancias, como el cambio de blues a pop rock de Fleetwood Mac debido a la locura transitoria provocada por el LSD y expulsión de Peter Green del grupo, la evolución de Pink Floyd de la psicodelia a un sonido progresivo más limpio con el cambio de cromos Barrett-Gilmour, también vinculado a las drogas.

También se puede dar la aparición de bandas que son fruto de la desintegración de otra, como el caso de New Order tras la desaparición de Joy Division, siendo esta la cara opuesta del sonido oscuro que presentaba la banda antes de la muerte de Ian Curtis o la fundación de Public Image Ltd. por parte de Johnny Rotten, que tras abandonar Sex Pistols apostó por un sonido más elaborado y cercano a la new wave con el nuevo grupo. Esta misma motivación interna por querer alejarse de estar encasillados en un sonido ha propiciado algunos de los giros más influyentes de la historia de la música. Ejemplos destacados son el caso de Talk Talk, grupo de synth pop que en la cima de su carrera en los 80 apostó por una línea más experimental y atmosférica, siendo considerados uno de los grandes precursores de lo que sería el post-rock con Spirit of Eden y, sobre todo, Laughing Stock, aunque les supuso el fracaso comercial en su época. Igualmente el tiempo le ha dado la razón a Camarón de la Isla, que a finales de los 70 con La leyenda del tiempo amplió el flamenco a unos horizontes nuevos, siendo hoy tenido en cuenta como un disco esencial de la música española y uno de los más importantes de su época y género.

No obstante, quizás el caso de los Beatles sea el giro más influyente para las décadas posteriores que haya habido en la historia de la música. Al igual que la primera parte de su carrera fue decisiva para el desarrollo de la música pop, la transformación que tuvieron a partir de Rubber Soul les convirtió en  un grupo total que evolucionó hasta llegar a ser claves en los comienzos de la psicodelia (Blue jay way, Lucy in the sky with diamonds), el rock progresivo (Happiness is a warm gun), el hard rock o el proto-punk (Helter skelter), la inclusión de instrumentos exóticos en la música rock (Norwegian Wood) o la experimentación en nuevas formas de producción (Tomorrow never knows, Because), llegando a  tocar otros palos ya existentes como la música folk (Michelle) o atreverse hasta con el vanguardismo (Revolution 9).

Dos grandes ejemplos de artistas totales que han surgido después y se han ido adaptando a los tiempos o probando cosas nuevas bastante diferentes entre sí de manera continua, más que haber pegado un giro de 180º en algún momento de su carrera, podrían ser la camaleónica islandesa Björk, quien ha coqueteado con el jazz (It´s oh so quiet), la música dance (Hyperballad), el techno (Violent happy), el trip hop y el IDM (I miss you), el rock industrial (Army of me) o trabajado el pop con elementos experimentales y artísticos (Pagan Poetry), y también David Bowie, reconocido ampliamente por su faceta glam, pero que se ha atrevido con el soul (Wild is the wind), el funk (Right), a experimentar con elementos electrónicos y la música ambient (Warszawa, Subterraneans), el krautrock (el disco Low en general y su etapa en Berlín, en la que fue clave Brian Eno), el heavy metal o la psicodelia (The width of a cyrcle), la new wave y la música dance (Modern love), etc. De forma distinta, y sin irnos más allá del ámbito nacional, Dellafuente está siendo uno de los artistas que más géneros está explorando en la actualidad, habiendo publicado recientemente trabajos con fuerte influencia del flamenco y el rock andaluz y hasta un par de temas de UK Garage, que se salen de su habitual línea más marcada por el rap, el trap y el reggaeton.

Por otra parte, y al margen de las baladas de los grupos de metal de los 80 (el tener una o dos canciones de amor para que todo el mundo cante al unísono con el mechero encendido parece más una condición de ese tipo de grupos que un experimento para alejarse de la típica imagen de tipos duros rockeros), hay otros casos más aislados en los que salirse de lo habitual ha logrado resultados excepcionales. El caso de Black Sabbath es uno de los más llamativos. Su ejemplo más reconocible es Planet Caravan, una canción de rock psicodélico y espacial, que nada tiene que ver con el resto del álbum Paranoid, y que brilla en un disco que es cumbre del heavy metal. Es una práctica habitual de la banda que alguna vez más se ha salido de sus directrices para maravillar con canciones como Solitude, Orchid, Changes o Zeitgeist.

Otros casos llamativos en esa misma línea de singularidades son el genial acústico Space Cadet de la banda de stoner Kyuss, en lo que se podría denominar como el Planet Caravan de los 90; la sensacional versión de Superstar de The Carpenters por parte de Sonic Youth, muy suave en comparación al resto de una discografía marcada por la experimentación y la distorsión; ejemplos casi paradójicos como Maggot Brain de Funkadelic y Song 2 de Blur, que son prácticamente las más reconocibles de cada grupo a la vez que las excepciones más claras del sonido habitual de ambos; o el disco Houses of the Holy  de Led Zeppelin, trabajo un tanto olvidado de su carrera pero en el que el conjunto muestra su talento en géneros como el reggae (Dy´er Mak´er), la música funk (The Crunge) o lograr una atmósfera psicodélica con No Quarter

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