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Entrevista a Mapache, cóctel poético y rockero

El cuarteto de spoken word sevillano formado por Marta Fernández, Alberto Pielfort, Leo García y Marcos Fernández acaba de editar su segundo álbum Tierra de Fuego. Con ganas de seguir experimentando y mezclando estilos, Mapache nos habla sobre los orígenes de la banda, los propósitos en su carrera musical y el proceso creativo tras sus canciones.

¿Cómo se creó el proyecto Mapache? ¿Por qué elegisteis este nombre?

Se creó en verano, con mucho calor y al principio sola, con el boceto de tres o cuatro canciones con las que no sabía bien qué hacer... Hace tres años, se las llevé a Leo, ex-compañero del proyecto anterior Fiebre, y gracias a él me dieron muchas ganas de convertirlas en un disco, y luego en una banda, al contrario de como suele ser. Llamamos a Alberto Pielfort que trajo su viola, las guitarras y todo ese universo increíble de pedales y sonidos tan particulares suyos, y luego se unió finalmente Marcos Fernández a la batería también para nuestra suerte. Hemos hecho los cuatro un equipo donde la energía es muy buena, eso es lo mejor de todo. Empezamos grabando Danza Salomé el primer LP, al principio no sabíamos si iba a venir algo más, pero nos gustamos y hemos seguido experimentando juntos desde entonces. Lo de Mapache es un mote adolescente que arrastro por las ojeras y un poco de mala cara que dicen que tengo, lo empecé a usar hace ya un tiempo como apellido artístico y lo heredó la banda.

¿Cómo definís vuestra música? ¿Que creéis que os diferencia?

“Rock, poesía y lenguaje cinematográfico” es una frase que usamos últimamente y resume bastante bien el concepto. Aunque aquí las etiquetas no nos sirven mucho porque al final en las composiciones hay un buen cóctel: pantano y poesía, spoken word, krautrock, rock experimental… Nos han dicho que suena a banda sonora de una road movie. Tiene tintes de música americana, con su buena dosis de psicodelia, algo de jazz, etc… Es música dislocada, oscura, un poco yonqui de lo bello y decadente, a veces incorrecta, muchas otras veces crítica con el sistema y con uno mismo. Nos gusta evidenciar también fuentes de otras canciones o de otros textos literarios que consumimos, así salen a veces extrañas versiones. La poesía siempre está como eje central, imagino que esa puede ser una diferencia con otras bandas.

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¿Cómo funciona Mapache a la hora de componer las canciones y crear las historias?

Es un proceso caótico y libre que sucede de formas dispares. Normalmente las canciones parten del texto, y a veces del texto con esquema musical que yo misma llevo al local, con más miedo que otra cosa por si no encaja, menos mal que luego la banda hace la magia y encaja casi todo. Otras veces las bases que compone Alberto me sirven para escribir, con la loopera, viola y guitarra Alberto crea unas atmósferas que dan para mucho, su universo es una maravilla. Luego en el local Leo arregla los temas, dirige muy bien, suele tener una idea global más clara que el resto de a dónde debe ir el tema en general. Digamos que yo suelo tirar la primera piedra aunque luego proponen cambios e ideas todos. Acabamos el bicho entre todos siempre.

Acabáis de editar vuestro segundo álbum, ¿cómo ha sido el proceso de grabación del disco?

Tierra de fuego se llama, sangre, sudor y lágrimas se podría subtitular. La pandemia está haciendo el proceso bastante largo pero bueno, con más ganas esperamos escuchar el resultado final, compartirlo con todo el mundo e interpretarlo en un escenario. Hemos vuelto a contar con Javi Mora y Jordi Gil, con quienes hicimos el primer trabajo, y hemos grabado casi todo en Happy Place Records, y algo también en Sputnik. Este disco en general está más masticado, el primero se grabó en unos días, a éste lo hemos mimado un poco más. Queríamos ir un poco más allá en el sonido, además de contar nuevas historias. También han colaborado algunos amigos músicos en la grabación, Alicia Colodro de nuevo en voces, Miguel Guinea al saxo, Carmen Fernández al chelo que colabora en un tema y Rafael Cañete en el piano en dos de ellos. La verdad es que grabar es una experiencia siempre de aprendizaje y crecimiento de la banda, la familia crece en colaboradores y amigos, que lo hace más divertido. Ahora falta por ver si le gusta a la gente, eso es otro tema.

¿Un concierto que recordaréis siempre?

Pues hay consenso, el de Valencia del año pasado en el Festival Vociferio en el Centro de Arte del Carmen. No conocíamos a nadie del público y empezamos como de puntillas. El sitio era increíble, atardeciendo y con campanas de fondo. Sobrevolaba la sombra del gran Fernando Mansilla, que nos dejó dos día antes, el festival montó un homenaje express tras su muerte repentina y realmente sentimos que aquí el amigo y maestro una vez más nos echaba un capotazo para sacar ganas. Acabamos recibiendo abrazos y una energía increíble del público tras el concierto, muchos serían para Fernando. Otro concierto que al menos para mí se queda en el recuerdo fue el primer día que tocamos juntos en trío, que éramos tres flanes. Ya nos dio buena espina esa tarde y creo que fue importante romper el hielo del directo.

Un lugar (sala, espacio, festival, etc...) donde os gustaría tocar.

¡En muchos! Uno es fácil porque tocamos con Pony Bravo el próximo jueves 13 de agosto allí, el CAAC aquí en Sevilla, sitio con magia donde tan buenas noches hemos pasado como público en otros conciertos y donde no hemos tocado nunca con esta banda. Además en nuestra ciudad especial ilusión sería actuar en el Teatro Lope de Vega, por pedir, es tan elegante y tan bonito. Fuera de aquí ¡en cualquier plaza que se pueda tomar! Marcos se pone a soñar y dice que quiere tocar en el Smalls de Nueva York, un garito de jazz. A mi me encantaría retroceder en el tiempo y tocar en CBGC junto a Patty Smith a ser posible o en cualquier garito polvoriento del Delta; el Teatro San Carlo de Nápoles, en el Festival de Granada donde tocan en la Alhambra, en Acrobates, Irreconciliables, en la Semana de la Poesía de Barcelona, en el Estrella Galicia de A Coruña donde hay buen rollo y sidra, etc. Además hay también ganas de ver reabierta nuestra mítica Sala Fun Club, las salas están muy castigadas con la pandemia, ojalá que salgan de esta porque son una parte esencial.

¿Hay algún artista con el que os gustaría trabajar próximamente?

A ver, no somos muy mitómanos; uno dice por aquí que Mapache y Guadalupe Plata pegan, pantano total, serpientes de cascabel y estepicursores paseándose por el escenario. A mi me encantaría escuchar a Warren Ellis y a nuestro Alberto tocando mano a mano, sería una fantasía ver cómo acaba eso. Leo dice que con Auserón le haría ilusión, qué gran poeta de la vida es. Localmente yo admiro mucho a Riverboy, ya hemos tocado juntos pero repetiría, porque Charly es un grande. También me gustan los Fusiles, con los que no pegamos mucho pero tienen rollazo, y un concierto a medias con Abbi Fernández sería un planazo, la mejor voz femenina de la escena sevillana. Ya que estamos, amigo Chencho Fernández, estamos sobreviviendo a una pandemia y va a hacer falta poesía, sal de tu escondite, esa colaboración está pendiente.

Para concluir, ¿cuál es vuestro proyecto de futuro?

El futuro está raro con todo esto... así que de momento el proyecto es solo seguir creando, seguir removiendo por ahí alguna conciencia y seguir divirtiéndonos. Por ahora toca quedarse en el presente. Metas cortas: publicar el disco y presentarlo aunque sea con mascarillas. ¡Nos vemos el 13 agosto!

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