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El patio, punto y aparte del rock andaluz

Triana es rock andaluz. Es algo que funciona casi como una metonimia. Hace 45 años, un 14 de abril de 1975, Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez Rodway y Juan José Palacios ´Tele´ publicaron El patio, el santo grial del rock andaluz. No fueron los primeros, pero sin duda son los que mejor representan la fusión del rock con el flamenco y el sentimiento andaluz de su tiempo. Y más culpa de ello que este disco no la tiene ningún otro.

El patio no solo ha sido importante para su época, sino que sigue siendo un estandarte para las generaciones de andaluces (sobre todo para los sevillanos) que llegan a nuestros días. Triana es prácticamente un sentimiento y una banda que a muchos ha acompañado durante su niñez, la adolescencia y la edad adulta. El patio contiene 7 magníficas canciones/himnos que supusieron el inicio de su leyenda. Fue el primero de los seis discos que lanzaron hasta que la voz de Jesús se apagó en 1983 con aquel fatídico accidente de tráfico en Burgos. El primero, el mejor, el más innovador y el más influyente.

El productor Gonzalo García-Pelayo dijo de ellos que “hacían lo que King Crimson harían si fueran de Sevilla”. Una mezcla de los tintes del rock progresivo más puro con las raíces andaluzas da como resultado a la banda que lleva el nombre de uno de los barrios más enigmáticos de la ciudad (Jesús, sin embargo, era vecino de la calle Feria y hasta le dedicó un ´rock´). Aunque vendieron poquísimos discos en las primeras tiradas de El patio (se habla de tan solo 19 copias vendidas en seis meses), el boca a boca hizo posible que lograra el reconocimiento que merecía meses después.

El álbum no puede empezar mejor que con Abre la puerta. Con permiso de En el lago (que también aparece en este trabajo) y Tu frialdad, es la canción más representativa del grupo. Esa apertura de casi diez minutos es Triana en estado puro: el lucimiento vocal y lírico de Jesús de la Rosa (quien también era un teclista soberbio), el sentimiento de Eduardo Rodríguez a la guitarra flamenca compenetrado a la perfección con los compases marcados por el ´Tele´ y la irrupción de la guitarra eléctrica de Antonio García de Diego eran la carta de presentación del conjunto en una canción desde el principio inolvidable y con un portentoso clímax final.

La canción que la sigue, Luminosa mañana, probablemente sea una de las más infravaloradas dentro de un disco en las que, con justicia, todas están bastante bien valoradas. Su onirismo y la voz desesperada de Jesús en las tinieblas de un sueño ponen los vellos de punta. Al igual que pasa con la impresionante Recuerdos de una noche, una renovación prodigiosa en la forma de hacer bulerías jamás vista anteriormente y una de las líricas con más fuerza de Triana.

Sé de un lugar es uno de los temas más psicodélicos del álbum y de la discografía de Triana. Un viaje sensorial por el que dejarse llevar y un canto a la hermosura de la vida, al lugar idílico anhelado por Jesús de la Rosa. Diálogo, sin duda, es una de las canciones más desgarradoramente bellas y dolorosas que hizo el grupo. Pura poesía catártica. Canto al dolor y a la desesperación causada por el amor.

En el lago es uno de los picos creativos de Triana, una composición imponente que roza la perfección. Un enigma que tiene el poder de un hechizo para hipnotizar con cada oída. Una misteriosa evocación de los recuerdos y los sentimientos de la que seguimos todavía sacando interpretaciones mientras la cantamos a viva voz. Espectacular la banda al completo en este clásico atemporal que nunca cansa escuchar. La preciosa Todo es de color cierra el álbum. Coescrita por ´Tele´ y Manuel Molina, Triana y Lole y Manuel realizaron cada uno su particular versión de una de las canciones clave del rock andaluz. Esta es aparentemente más sencilla que la de Lole y Manuel, pero es un reflejo de esos aires de cambio que por fin parecían llegar al país y uno de esos temas que acabas escuchando casi sin querer cada vez que la primavera empieza a asomar por los rincones de la ciudad.

Triana hizo historia con El patio y marcó el punto y aparte del género prácticamente en sus inicios. El arte anda de la mano de su tiempo y Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez Rodway y ´Tele´ fueron la voz del pueblo andaluz que reclamaba con fuerza lo que merecía y una muestra de a lo que puede llegar la fusión de las tendencias novedosas sin olvidarse del folklore de una tierra. Dos años después, con Hijos del agobio, volverían a ser portavoces del sentimiento popular cuando se empezaban a plantar los primeros cimientos de la democracia española. Y antes que la tan célebremente recordada Movida madrileña, pero eso es otra historia.

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