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Adiós a Dave Greenfield, artífice del sonido de The Stranglers

TheStranglers en su juventud (Dave Greenfield, a la izquierda).

El pasado 3 de mayo nos dejó Dave Greenfield, víctima del coronavirus, a los 71 años. Quien fuera el teclista de The Stranglers formó parte de la banda desde 1975, prácticamente desde sus inicios. Desde entonces, ha tenido una carrera musical destacada junto al grupo, que, pese a los problemas, lleva en activo la friolera de 45 años, siendo su momento de mayor éxito los últimos años de la década de los 70 y los primeros de la siguiente.

The Stranglers, pese a ser catalogados en sus inicios como una banda punk (en la actitud y forma de vida desde luego que lo eran), se desmarcaron rápido de esa etiqueta logrando un sonido más refinado que el de sus coetáneos, y del que Dave Greenfield fue gran responsable con una habilidad magistral con teclados, sintetizadores y órgano. Aunque le comparaban continuamente con Ray Manzarek de The Doors, él solía decir que su principal influencia era Rick Wakeman de Yes.

La banda gozó de cierto reconocimiento desde su primer álbum y su ritmo de sacar material nuevo y renovarse era vertiginoso, con uno y hasta dos discos por año, regalándonos grandes canciones como Peaches, Princess of the streets, Hanging around, Duchess o Walk on by, en las que sobresalía sobre todo el talento de Greenfield y el del guitarrista y vocalista Hugh Cornwell.  

El gran momento comercial de la banda llegó a finales de 1981 con su sexto trabajo La folie, álbum con un sonido claramente más new wave y un punto y aparte en su carrera. En dicho disco, aparte de la excelente canción homónima y otras como Everybody loves you when you´re dead, se encuentra esa pequeña gran joya por la que The Stranglers siempre tendrán un hueco importante en la historia de la música: Golden Brown.

Golden Brown siempre ha dado de qué hablar por la ambigua lírica de Cornwell, que ha ocasionado un eterno debate entre los que creen que se refería al consumo de heroína o a la compañía de una mujer. Pero tan importante como eso, lo que hace de esta canción única y reconocible desde los primeros acordes, es la labor del tristemente desaparecido Dave Greenfield, quien fue el artífice de la parte musical.

El sonido barroco conseguido con el clavecín fue todo un acierto, el sello de identidad de una de las canciones más célebres de los 80, versionada hasta la saciedad (la banda Bedhead tiene un cover maravilloso) y cuyos ritmos marcados son ecos de nostalgia y añoranza del pasado en compañía de nuestra particular Golden Brown.

Hay que recordar (y hasta casi reivindicar) la figura de Dave Greenfield por su legado y maestría, por ser capaz de brindar con su aporte el toque distintivo a una banda originalmente punk y hacerla diferente, y por hacer posible la maravillosa Golden Brown, que sigue inspirando y haciendo soñar casi 40 años después.

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