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Twin Shadow en Berlín

Twin Shadow en Berlín

Twin Shadow tocó para nosotros en la berlinesa sala Lido. Nos cantó sus dos álbumes: “Forget” y “Confess”. Su contudente voz nos transmitió en forma de caricia un pop sugerente con marcadas notas de shoegaze y funky ochentero. Historias de amor y desamor nos hicieron bailar y disfrutar. ¡Y cómo disfrutamos!

Lo conocí en la cocina de un amigo. Cantaba “Castles in the snow” a la hora del aperitivo.

Lo conocí en la cocina de un amigo y me enamoré de su caída de pestañas. Él, Twin Shadow, vendría a Europa y yo compraría una entrada en cuanto éstas estuvieran a la venta. Hasta entonces escucharía todos sus temas de forma obsesiva. Así lo había decidido.

Tres meses después de mi decisión crucial, llegó a la ciudad.

La sala Lido abre sus puertas. Tomamos posiciones. Luz azul ilumina la salida de Twin Shadow. Sale solo. Mira al público y de un solo golpe hiere las cuerdas de su guitarra. Entona lenta y dolorosamente el tema “The One”. Silencio sepulcral. Nos habla de amor. Nos canta querer solo a aquella que siempre estuvo a su lado.

Termina el primer tema. Rompemos en aplausos. Entran teclista, bajista y batería. Se relajan los tonos, se descontraen los gestos.

Twin Shadow cantó sus dos álbumes: “Forget” (2010) producido por Chris Taylor, componente de la banda Grizzly Bear y “Confess” (2012). Este último autoproducido bajo la tutela del sello 4AD. Cuenta en entrevistas Twin Shadow que este segundo disco narra sus aprendizajes sobre el ser humano y sus tormentosas relaciones tras haber sufrido un accidente de moto. Alusiones directas a ello hay en temas como “Patient” o “Five Seconds”, en cuyos vídeos se nos presenta como motero displicente.

George Lewis Jr. o Twin Shadow, nos contó sus historias de amor, celos, deseo y seducción en un tono de pop, shoegaze, funky y R&B. Y notamos que sabía lo que hacía. Las melodías, los acompañamientos instrumentales, la voz... Todo formaba parte de una obra donde cada elemento había sido construido con precisión. A mí me pareció ver a un Prince de “Purple Rain” en su guitarra. El batería parecía que danzara mientras aporreaba caja y multi pad. La teclista con gesto hiératico recuperaba sonidos ochenteros. El bajista pasaba desapercibido, no así sus notas. Y él, con su imponente voz, parecía que nos cantara al oído.

Y así, mientras nos susurraba en pop, bailamos con él, con ellos. Nos divertimos como chiquillos. Nos retorcimos con su “Be mine tonight”. Recuperamos adolescentes historias de amor con su “Run my heart” y rompimos en divertido baile con su “Shooting holes”, tema con el que cerró el concierto.

Él regresaría a Estados Unidos y yo regresé a casa, aún tamborileando con los dedos sobre el mobiliario urbano. Y en casa soñé que sus pestañas me tocaban. Aún soy adolescente, lo había olvidado.

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Twin Shadow Sala Lido. Berlín, 14 de noviembre de 2012.

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