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Rufus T. Firefly llenan de amor el Hangar con su Magnolia

Los madrileños Rufus T. Firefly, encabezados por un apasionado Víctor Cabezuelo y una enérgica Julia Martín-Maestro, han dejado claro en más de una ocasión que las salas pequeñas son las mejores aliadas para llevar su magia hasta sus seguidores. Es por eso que el mítico escenario cordobés del Hangar, por el que han pasado conocidos grupos como León Benavente, Second, Belako, Maga o Dorian, tenía que tener un lugar en el itinerario de la gira Magnolia que el grupo inició a principios de febrero.

El viernes 24 de marzo esa magnolia floreció en un acogedor rincón de Córdoba acompañada de Alice Wonder como telonera, cuyo descubrimiento estelar dejó boquiabierto a un público poco acostumbrado a tener cantautoras de tanto carisma en sus salas. «Talento, bondad y todo lo que este mundo necesita»como le diría Víctor a la artista después de interpretar juntos Canción infinita, para el placer de los asistentes.

Pero eso ocurriría más tarde, en uno de los momentos cúlmenes de la noche. Antes hubo que iniciar el viaje introspectivo que nos proponen con los ritmos electrónicos deTsukamoriy El Halcón Milenario, títulos referidosa obras cinematográficas que llegaron, como cuenta Víctor, a sus vidas generando un gran impacto.  Así empezó a abrirse el capullo de la flor. Luego siguieron ··0··, Espectro y Cisne negro continuando en la línea de bases setenteras, letras hermosamente evocadoras y grandes dosis de psicodelia.

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Para entonces ya sobrevolaban el pub sentimientos sublimes, que la banda no dudaba en absorber para seguir irradiando esa energía especial que les caracteriza. «Sabéis esto que pasas una mala racha», se sinceraba el vocal,«preguntándote si es esto lo que quieres hacer en la vida, pero hay una pequeña chispa que te dice que sí. Pues vosotros me estáis haciendo sentir así ahora mismo.» Más tarde llegaron resquicios del anterior disco de los Rufus, Nueve, con Midori, Pompeya y El problemático Winston Smith, como flashes de una etapa anterior mucho más combativa.

Y al fin ese suave olor tras el nacimiento completo de la flor, venido a más en PulpFiction, Magnolia y Río Wolf como colofones de esa experiencia que lleva por bandera la naturaleza, el arte y el amor. Mensaje que en Rufus T. Firefly cobra vida propia a través del trabajo duro y sincero y el respeto hacia los seguidores. Una de las pocas evidencias actuales de que “Por amor al arte” no debería ser nunca una determinada actitud, sino una manera natural de hacer las cosas. Es un placer confiar en estos freaks.

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