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Raquel, dama del jazz español

Raquel comenzó como cantante precoz con apenas 13 años y su debut profesional vino de la mano de Teddy Bautista y Miguel Ríos, responsables de la dirección musical del mítico espectáculo Rocky Horror Show. También, formó parte del elenco del musical Jesucristo Superstar y ha colaborado con artistas de la talla de Camilo Sesto, Miguel Bosé o Vicente Amigo. Y la mismísima Donna Hightower la apadrinó como solista de jazz.

En esta entrevista, Raquel muestra su lado más personal e intimista de su vida y su carrera.

Tu nuevo proyecto Blanco Pasión es un viaje musical en el tiempo y el espacio, donde  te vuelves a encontrar en plena forma. ¿Se podría decir que la variedad temática de Blanco Pasión es una página en blanco que adornas de diversos colores sonoros?

Las canciones son lo más valioso para mí, en ellas se concentra como en un frasco de esencia gran parte de mi bagaje como compositora  y cantante. Así consideramos mi socio Manuel y yo este proyecto. Ofrecemos un mundo de canciones que puebla nuestro universo sonoro, un ramo hecho con flores de todos los estilos de las músicas del mundo aunados en una voz. Esto es Blanco Pasión, en toda su ambiciosa sencillez. Una  forma personal de rendido agradecimiento y admiración por los grandes artistas, cantantes y autores de nuestra época.

En este nuevo trabajo, hay también temas de composición propia. ¿Marca esto una diferencia a la hora de interpretarlos, de sentirlos tuyos de una forma especial?

Si no te especializas y eres un compositor o intérprete que goza con la buena música, admiras sus influencias y las asimilas también como algo tuyo. No sé si era Miguel de  Cervantes quien escribió: "somos lo que comemos", también es así culturalmente. De mis encuentros con la rumba, por ejemplo, surgió una canción como Amantis, que sin tener nada que ver con el entorno tipificado de la rumba, utiliza su majestuosa rítmica tan favorable a la introducción de un texto en castellano.

Cuando tu carrera estaba encaminada a través de un contrato con la compañía Polydor, donde proponías un encuentro de la copla con el jazz, un accidente de automóvil te alejó de los escenarios. ¿Esto dilató una renovación estilística de un género anquilosado? ¿Quién perdió más con el parón, Raquel o la copla?

Sería demasiado pretencioso por mi parte hablar de lo que la copla perdió con el parón que supuso mi accidente.  La copla siguió adelante por otros derroteros, el precioso disco Acoplados de Martirio y Chano Domínguez, por ejemplo, fue un hito de esa evolución que sigue en movimiento.

En efecto, yo llegué antes a ese concepto, pero fue accidentalmente, abocada a ello por una propuesta de trabajo de Fernando García Tola, cuando él  sabía de sobra que yo venía del blues, del funk, del rock y del jazz. Pero a él le divertía jugar a las mezclas y yo acepté el envite. Lo que si está claro, es que mi apuesta por versionar copla habría sido novedosa, ya que mis características eran  especiales, estando culturalmente con los poros abiertos , asimilados a este género,  mi formación se basaba en la música  americana e inglesa. Si la actitud por parte de algunas discográficas hubiera estado entonces en pro de la creación de productos originales, podría haber tenido un bello desarrollo.

¿Cómo fue tu reincorporación al mundillo musical?

En modo alguno el accidente me dejó fuera del mundo de la música. Nunca he salido de él.

Cuando vi que no podía andar, procuré centrarme en escribir, algo que hago desde muy temprana edad. Formé junto a otros músicos el grupo Colores de Madrid siempre siguiendo una trayectoria clara dentro de la mimetización de la fusión de estilos, procurando darle originalidad a los textos. Desde luego no parto de una página en blanco, podría escribir un libro con la historia de mi trayectoria que ha sido trabajada por derecho, apasionante y plena, como la de cualquier otro artista que se precie de serlo. Después, procuré ir cogiendo fondo físico, creando formaciones como Oeste, Carmen Blues Band, entre otras. También trabajos más relajantes fuera del país, en cruceros, zonas de turismo, etc. que me dieron tiempo para meditar mi aportación personal a la música.

Aparezco ahora, aspirando como siempre a estar en primera línea. Hay muchas personas que se han implicado conmigo en estas ideas, que me han aportado su generoso apoyo y mi cerebro nunca ha dejado de trabajar para estar en primera línea, ese es mi sueño.

Tu recorrido musical se ha caracterizado por su gran eclecticismo desde el rock&roll, pasando por el funky hasta la copla. ¿En qué estilo te encuentras más cómoda?

En mi estilo.  Estoy totalmente convencida de que toda esa compartimentación de la música ha saltado ya por los aires y seguir viviendo en cajitas de zapatos ya no conduce a ninguna parte. Blanco Pasión se basa en esta filosofía porque estamos convencidos de que esa es la corriente predominante y claramente de futuro.

Tu trayectoria y tus colaboraciones son largas, pero ¿te quedaste con las ganas de colaborar con algún otro músico en particular?

En aquella época era una novedad que una chica sobresaliera por su voz, aunque la tradición ya estaba servida por productos cinematográficos como Marisol, Rocio Dúrcal o  el mismo Joselito, por la precocidad de su tesitura. Que una jovencita cantara imitando a Jannis Joplin o versionara temas de los Rollings resultaba llamativo. Eso imagino que fue lo que me dio la oportunidad de acercarme a todos estos artistas.

Considero mi amistad con Donna Hightower como un "amadrinamiento" en toda regla,  incluso llegué a presentar a instancias suyas, una canción de su autoría, It´s time to say goobye en el Festival de la canción de Alcobendas.

Naturalmente que me quedé con las ganas, dada la abundancia de grandes artistas que aparecían poco a poco con el declive del franquismo. Aunque tuve la suerte de ser observadora de primera mano de todo ese proceso.

¿Cómo ves el panorama musical actual y los cambios tecnológicos que afectan a la industria discográfica? ¿Crees que beneficia o perjudica a los artistas?

Afortunadamente las cosas han cambiado. Los nuevos medios nos aportan oportunidades de ofrecer nuestro trabajo a sectores a los que jamás podríamos haber soñado llegar individualmente. Y con el añadido de que nadie nos marque la pauta o nos condicione radicalmente; el camino nos parece atractivo y liberador. 

Me siento muy afortunada de tener un socio y guía, como Manuel Carrión, en este territorio fronterizo para poder llegar a un público al que en algunos aspectos, solo podían conseguir las grandes compañías, que apostaban por lo seguro y lo repetían sin pudor hasta la saciedad, eso inmovilizaba el tránsito natural de la cultura hasta paralizar la creatividad. Como todos los demás, también tendrán que adaptarse.

En tus trabajos futuros, ¿tienes previsto incrementar el número de composiciones propias?

Por ahora pienso en terminar de grabar mis propias composiciones. Pero al mismo tiempo sería el broche perfecto a este proyecto poder ofrecer así también mi propio trabajo, mi estilo como escritora de canciones, a los que me gusta dar tanta importancia o más que a las melodías. Considero que a veces se descuida el texto y se priva a la canción de un poder expresivo y sentimental, sumado a la omnipresencia del inglés.

¡Un fuerte abrazo para Poplacara y todos vuestros lectores!

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