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Pony Bravo siempre fieles a su idiosincrasia sureña

Y por fin llegó el día. Posiblemente uno de los grupos más extravagantes de Sevilla jugaba por fin en casa. No tocan todas las semanas ni tampoco todos los meses. Quizás por ello es que mantienen ese misticismo que les caracteriza, a pesar de camuflarse a menudo en el barullo de la Calle Feria. Para aquellos que no los conozcan, lo mejor es ir a verlos y comprobar de qué van estos cuatro porque si se le pregunta a alguien cuál es su género o estilo, lo más normal es que la respuesta sea encogerse de hombros y algún que otro balbuceo ininteligible.

Aquellos que esperaban un grupo de rock se toparon con la realidad nada más comenzar. Sonaba Pumare-ho!, puro reggae dub sevillano que narra las desavenencias de los yonkis de la homónima plaza con la policía. “Tira rápido lo que lleves” aconseja desde su púlpito Daniel Alonso, siempre ataviado con sus camisas además de su ya mítica barba y moño e iluminado por focos verdes y rojos que ponían algo de contexto al tema inaugural. Pero el Pony Bravo no iba a desechar estos ritmos aún, pues con El Guarda Forestal, de corte algo más roots, demostraron su maestría dominando una gran paleta de registros sónicos y acercándolos a su terreno andaluz.

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La banda venía a presentar su disco Gurú, el cual nos viene a confirmar lo que ya sabíamos, que Pony Bravo no vienen a regalarnos el oído con lo que queremos escuchar, sino que sus esfuerzos se centran en producir música diferente cada vez. Además, es sorprendente la cohesión de su directo a pesar de la disparidad de estilos que manejan. De su nueva publicación interpretaron una gran selección de temas entre los que destacan Relax y Rolex, obra digna de Huey Lewis; Casi Naz”, que si no fuera por el título bien podría ser el opening de Miami Vice; o Rey Boabdil, algo que solo esas cuatro mentes serían capaz de materializar. Sí que se echó en falta Espectro de Jung, aunque el toque místico se aportó con Loca Mente, versión del tema de Las Grecas; y Noche de Setas, que en su versión revisada crece en groove.

No importaba si el grupo tocaba canciones antiguas como El Ray” algunas más recientes como Zambra de Guantánamo, Pablo Peña se multiplicaba como playmaker allí donde la banda le necesitara: bajos, guitarras, voces… Lo que fuera. Se le entiende a él como motor musical de la banda mientras que es Alonso quien se encarga del concepto y temática del grupo, y así se observa desde el público. Lo cierto es que son una máquina bien engrasada, capaz de mutar entre el flamenco, el techno, el rock, el reggae, etcétera, siempre fieles a su idiosincrasia sureña fundida con cultura pop a raudales. Los mayores ejemplos, Ninja de Fuego, doble homenaje a Manolo Caracol y a Akira Kurosawa; y Político Neoliberal, la cual combina un guiño a Héctor Lavoe y una brutal crítica social al neoliberalismo.

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Mención especial merece el precioso Teatro Central, donde los asistentes pudieron ver a la banda con una comodidad sin parangón, al menos en Sevilla. Con una buena climatización y un excelente sonido, a pesar de que en algún momento el suelo parecía deslizarse bajo los pies al son de Pony Bravo, especialmente al son de los ritmos rápidos de baile como son La Rave de Dios o Totomami, el cual sirvió de clausura a la masterclass en buen gusto del Pony. De esta manera, los cuatro de Sevilla demuestran, una vez más, que su ingenio sigue vivo, al igual que su empeño en innovar y desmarcarse de los rígidos límites establecidos en la música.

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