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ORIÓN VOLVIÓ A BRILLAR

Había muchas ganas de Madee, mucha expectación para ver este regreso inesperado de la banda de Cabrils, así que era previsible que la 2 del Apolo los recibiera con un sold out colgado de la ventanilla y un ambiente propio de ocasiones especiales. No sabemos aún si este regreso quedará como algo eventual o será una vuelta en toda regla, pero podría ser una pista la reciente edición de un single de siete pulgadas con un par de temas nuevos: Age Of Ruin y Longitude Loves Latitude que la banda está sacando a pasear en esta gira de celebración del décimo aniversario de Orion’s Belt (Bcore 2004).

Los que hemos seguido a esta banda del Maresme desde sus inicios hemos sido testigos de su evolución; partiendo de un emocore con referentes bastante claros (Sunny Day Real Estate, no es ningún secreto) donde con sus más y sus menos podríamos situar sus dos primeros discos Songs From Cydonia (Bcore 2002) y Secret Chamber (Bcore 2003). Fueron a encontrar su propia identidad con el álbum homenajeado, un disco que no se dejaba etiquetar fácilmente; rock encabritado y parido directamente desde las entrañas de Ramon Rodríguez, que se vació emocionalmente. Curiosamente cuando el grupo llegó a su cima creativa, el elegante y equilibrado L’Antartcica (Bcore 2007), se despidieron de todos nosotros dejando un gran vacío en el rock patrio.

Por todo ello el pasado 26 de abril vivimos, tirando de topicazo aun siendo cierto, una noche llena de emociones con un repertorio impecable en el que no se dejaron nada en el tintero. En reencuentros de este tipo se puede perdonar un sonido francamente mejorable y un desmemoriado Ramon que se quedó en blanco en los inicios de Yrdemons y Avalanche. No importó porque ya estábamos todos entregados y dispuestos tras los primeros acordes de piano de Mintaka. Siguieron con Fallen Heroes, con esos berrinches brutales marca de la casa y la épica Jinniyah con su ritmo de vaivén de mecedora que deriva en un cambio trepidante hasta el glorioso “tell me your name”…

A partir de Polonium ya fueron intercalando canciones de distintas épocas, con claro predominio de sus dos últimos discos. De hecho, de sus inicios sólo rescataron Impulsor con sus guitarras geométricas y Clumsy, una de las joyas de Secret Chamber que nunca falta en sus set lists. Por el camino volvimos a disfrutar de enormes canciones destacando cortes como Betelgeuse con su tremendo desenlace y sobretodo, Alnitak, parte de la enjundia de Orion’s Belt reside en este claustrofóbico medio tiempo que acaba estallando en unos gritos que hielan la sangre. También el punteado muy al estilo The Cure de I am a Green Swimming Pool que fue de las más coreadas junto a Transference.

Cayó el nuevo single Age Of Ruin con gran aceptación del respetable, se vieron muchos cuerpos agitándose en ese juguetón estribillo y tras la belleza desoladora salpicada de ese festival de redobles de  L’Antarctica se tomaron un respiro.

Para los bises reservaron A Ghost, una pieza que exige a Ramon varias piruetas vocales, la citada Transference, la furia con emparrada final de Lack of Bravery y como no podía ser de otro modo cerraron con Orion’s Belt y su sentido in crescendo.

Con las emociones aún a flor de piel la sala se fue vaciando con la promesa de “nos vemos en posteriores conciertos” que dijo Ramon, esperemos que así sea. No nos falléis porque nosotros no lo haremos.

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