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Maleso despide al amor

Se define como cantautor pop, pero no se acomoda en la etiqueta. El sevillano Maleso da un giro de tuerca en su nuevo LP Adiós para siempre, nos vemos mañana protagonizando un viaje a sí mismo, en torno a turbulencias personales que contrastan con un álbum de estilo más llano que los anteriores. Letras con sentido cómico, lugares comunes y situaciones cotidianas abanderan un sonido que no reniega de las influencias del autor, sino que da una pincelada de todas ellas, respetando la temática principal: el amor en todas sus etapas. Hablamos con él sobre los intríngulis, rincones, anécdotas y sinsabores que rodean esta nueva producción. Aunque desde una posición optimista, claro está.

¿Cómo se define Maleso en este nuevo álbum?

¿Cómo me defino? es verdad que la música ha ido cambiando. Empecé haciendo pop con raíces en los 60 e influencia de los 80 españoles. Más tarde me fui interesando en el country, llegué a hacer un disco sólo de country [Sabor Campestre y el Oeste americano] hasta llegar a No es Maleso, el más raro en cuanto a estilo porque tiene de todo, una bossa nova, un foxtrot,  hasta una sevillana. Una serie de desbarres, como una especie de “aquí vale todo” porque a mi me gustan muchos tipos de música. En este en cambio está todo más recogidito, pop con dos o tres salidas más leves, más rollo cantautor en algunas partes; es más temático, sobre la perdida y el desengaño amoroso de una persona adulta claro, no cuando tienes dieciséis años.

¿Cómo juega esa temática del amor en el conjunto del disco?

Todas las canciones tratan el amor perdido, pero el amor al fin y al cabo, todas las diferentes fases por las que pasa desde que la conoces hasta que pierdes a una persona. El disco sigue esa dirección, de hecho, busqué y cogí de las muchas canciones que tenía realizadas a final de este verano pasado y en los primeros meses de este año, aquellas que se ajustaban al tema y las sinteticé en este nuevo disco. Aunque tira un poco a lo melancólico y a lo triste, yo le veo un poso optimista: de todo se sale, como quien dice.

Esa por la temática y por otro lado, musicalmente hablando, he sido siempre un poco disparatado: un día hago esto, ahora hago lo otro, luego tiro por aquí o por otro lado... Y lo que si es cierto que desde el primer disco al último las letras de las canciones son las que han ido dándole unidad a los discos. Ya las letras me suenan como más personales. En el primer disco no se notaba tanto, pero ahora suenan más a cantautor, me dicen. Yo de esas cosas, la verdad no entiendo.

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En el vídeo de  La peor canción del mundo vas vaciando tu estantería para ir revelando todo un catálogo personal de influencias ¿Tiene este disco sabor a retrospectiva?

En ese aspecto si es poco nostálgico. Pero la idea principal del videoclip era que no costase dinero y que fuera sencillo, agotando todas las posibilidades en una sóla toma. El rollo de los vinilos me pareció simpático y algo que en mi vida es muy importante. Representa la época en la que la música era algo que se tocaba con las manos, te comprabas un disco y aquello olía al quitar el plástico, deseando abrir la tapa en el autobús cuando venías de vuelta. Era algo que tenía su peso, una cosa alucinante. Ahora en cambio, si eres muy hartible, te lo sacas en cd y en lo que quieras. Pero en aquél momento era como el nacimiento de un ser nuevo.

Y el título de la canción, La peor canción del mundo, ¿crees que ese es el destino que le depara a artistas pasados y presentes?

No bueno, eso era una broma, refiriéndome a la cantidad de canciones que estaba sacando este útimo año pasado. Llegué a pensar, es muy difícil que haga tantas canciones y salgan buenas. Cuantas más haga muchas, van a ir saliendo muchas malas hasta que llegue un momento en que saque la peor canción del mundo. Aunque el título no tiene nada que ver con los discos que van saliendo, de lo que creo que la mayoría las ha escuchado la gente y en casi todos ellos hay cosas que merecen la pena.

¿En casi todos?

Bueno el de los Indios Tabajaras no lo he llegado a escuchar, pero la portada me venía bien para hacer el gesto. O el de Bonny M que supongo que se sale del canon [ríe].

Desgranando las temáticas de las canciones y buscando influencias nos ha llamado la atención El amor a los 15 años  que tiene un sonido que nos recuerda casi a corrido mexicano.

Mira, todavía estoy dándole vueltas a que demonios es esa canción porque es un ¾ y yo decía “a mi me suena a algo italiano”, que no tengo ni idea de música italiana para identificarlo. Pero lo de la influencia mexicana, en el disco anterior, en No es Maleso, había una canción Keith Richards es guay que también tiene ese rollo. Y ahora que lo dices es cierto que ha vuelto a colarse ese ¾ mexicano.

Ahora que se han diluido esos elemento blues-rock del principio, parece que ahora te has encaminado a meter otras cosas.

Si, esta es blanca del todo, la de Keith Richards tenía una mijita más de negrismo.

Adiós para siempre, nos vemos mañana está, como en discos pasados tuyos, vuelve con referencias a la cultura popular que compartimos varias generaciones (en episodios anteriores, protagonizados por nombres como King Kong, Keith Richards, La madre de Nobita...) ahora se cuela por ahi la frente de Calamardo o el escote de Ava Gardner o el perrito amarillo del buscador de XP ¿siguen siendo esos guiños parte indisoluble del mensaje de tus letras?

Si bueno, lo contaba no hace mucho. A mi me abrió un poco la mente el meter cosas cotidianas en las canciones, algo que sin duda le he terminado por copiar a Kiko Veneno, que no es que me lo invente. Cuando escuche su frase en una de sus canciones [Reir y llorar] “la cocacola es siempre igual, pero yo no, yo puedo cambiar”, pensé que era algo alucinante. Este tío ha metido aquí una frase que se va a quedar aquí para los restos. Algo que es cotidiano que todo el mundo sabe o tiene una referencia de ello en cualquier lugar del mundo. Y de ahí comencé a meter cosas que hay en mi vida: el perro amarillo del XP, Calamardo... cualquiera de esas cosas que aparecen por tu vida. A veces es difícil encontrar de que hablar en una canción, a menos que te hayas dedicado a recoger algodón en los campos del sureste americano, soportando latigazos... ahi puedes encontrar una veta. Pero los que tenemos una vida así normal, me levanto, voy a trabajar, cuidado que me han dejado el coche en doble fila... tenemos los temas ya machacados. Al final es eso, “Keith Richards es guay, pero mi padre es mejor”. Todos los Rolling, los Beatles, todos estos rockeros nacieron e ¿cuando? en los años 40 o 30. Más o menos la edad de tu padre. Y sin embargo miras a tu padre... y es un poco decepcionante [risas]. Pero bueno, luego con el tiempo te das cuenta de que toda esta gente eran unos bandarras, que tenían a los hijos tirados sin echarle ni cuenta. Y que si, que al final tu padre es mejor.

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Volviendo a la introducción con la que presentas Adiós para siempre, nos vemos mañana, un personaje extraterrestre da con el “album” y realiza un “riguroso” estudio de esta pieza de museo. La conclusión es un absurdo de gran calibre ¿es ese esfuerzo lírico de todas pieza musical un absurdo en si mismo?

Desde el momento en que la canción sale de tu cabeza, la subes a Internet o la tocas para que la escuche alguien se descontextualiza. La gente empieza a hacer las interpretaciones más peregrinas, algo que nos pasa a todos, incluido a mi cuando escucho a otros. Lo mismo pueden hacer otros de lo que yo hago. Parece que están hablándote de algo con lo que luego puedes sentirte identificado, lo puedes mezclar con algo que te ocurrió o tu forma de entender las cosas. Y luego resulta que no es así.

¿Sigue predominando ese protocolo “Bisbal/Locomía V.03 a la hora de entender el pop?

Ese protocolo era un protocolo de precaución para la escucha de ciertos discos. Supongo que consistirá en ponerse unos trajes de guerra bacteriológica y protegerse de lo que puedan salir por los altavoces. Espero que en mis discos no haya que aplicarlos.

En Tren, Tren señalas con el dedo algunos de esos “demonios” que atormentan  nuestras vidas: desde las redes sociales a los ex-monopolios de RENFE e Iberia.

Lo del tren es algo que siempre ha estado ahí en mi vida (en parte porque me saqué el carné con treintaitantos tacos). Es un elemento de traslado de un sitio a otro (de una etapa de tu vida a otra) y además es una palabra monosílaba que queda estupenda en todos sitios. Será por eso que hay tantos trenes en las canciones.

La actualidad sin embargo (exceptuando a un duendecillo llamado Zapatero) parece que se ha diluido.

No, en este no hay temas sociales ni política. No es que yo me haya dedicado a  la canción social ni a defender a nadie, pero en este es cierto que me he dado un descansito y me he dejado lugar para hablar de esto, que es lo que más me interesa en estos momentos.

Sin embargo, 300 abogados parece un alegato a ese estilo moderno, sofisticado, siempre a la moda y encarcelado al que todos nos dejamos arrastrar ¿como nos afecta ese ruido a nuestras vidas?

Este es un ejemplo de cosas que se cuelan en tus canciones, sin tu haberlo pretendido. Lo que pasa con los abogados es que pertenece a una de esas profesiones que caen mal, igual que Yoko Ono, Zapatero o Courtey Love. Uno va al abogado porque no tiene más remedio, de la misma forma que si tiene que ir al médico. Siempre le he tenido tirria a los abogados y sin embargo siempre hacen falta para cosas, no hay más remedio. La anécdota original es mucho más simple: es estar en el despacho de una abogada gestionando un divorcio. Y estando allí sentado, sale un momento mi ex-mujer al baño o a lo que fuera, y me fijé en la cantidad de gente que había en la monumental orla que había allí colgada. Ella me contestó que eso era sólo el turno de mañana. Total, hicimos la cuenta y salió cosa de trescientos, mientras ella me contaba anécdotas de la orla como aquella compañera que habían tapado con el mono de la tuna porque les caía mal. Y ahí tienes la canción, describe más que nada esa situación tensa, incómoda. De desesperación, comparándolos con aquellos 300 espartanos que cayeron, como si fuera otra derrota memorable.

¿Que grado de importancia le darías en estos tiempos que corren a la figura del cantautor (de aquél que cuenta cosas)?

Siempre es importante. Ahora y antes siempre ha hecho falta alguien que hablara y contara cosas, que te abriera la mente. Como Bob Dylan por ejemplo, que abrió la veda a una generación de músicos que significó el desparrame. Gente enorme que la hay dentro y fuera de España, como Javier Krahe. Una forma de coger tu vida, comprimirla y meterla en una canción, descubriéndote cosas nuevas en tu vida, no sólo en temas políticos o sociales. Kiko Veneno, al que hemos mencionado, que es capaz de coger un pedacito de tu vida y darle un prisma diferente.

Para terminar, y antes de dar ese “Adiós para siempre, nos vemos mañana”, querríamos preguntarte si esta frase es un señal de un descanso o punto y aparte en Maleso.

Me iba a tomar un descanso en enero de año pasado. Me dije que ya tengo cinco discos y esto no lleva una progresión que diga “es la hostia”. ¿Para que voy a esforzarme tanto? Pero ya ves, casi un año después, ya tengo dos discos fuera. Como algo natura, empezaron a surgir canciones, volvieron las ganas. Ese “adiós para siempre” no está dedicado a la música. Sigo componiendo y trabajando para sacar el próximo disco.

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