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Jaén en Julio se despereza rodeado del mejor popurrí sevillano

Jaén en Julio inaugura el ciclo de festivales en la provincia con un espectáculo conjunto de mestizaje, flamenco e intervenciones de algunos de los mejores músicos hispalenses como el bajista de los O'funkillo Pepe Bao, Pájaro, Tomasito y Juanito Makandé entre otros.

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Los cinco festivales de referencia en la provincia de Jaén vuelven a hacer piña en torno a Jaén en Julio, un esfuerzo por parte de Diputación Provincial, Consejería de turismo de Jaén y Junta de Andalucía, directores artísticos y profesionales por agrupar ocio, turismo y los propios encantos naturales de la región en torno a un síndrome común: la pasión por la música, cuanto más variada en su manifestación mejor. CazorlaBlues (días 2, 3 y 4) desembarca celebrando sus 21 años de blues en España, con nombres como Wilko Johnson (peso pesado del rock y las seis cuerdas, hacedor de la banda de rhythm and blues Dr. Feelgood), Los Lobos y John Hyatt (referentes del blues and rock Americano arizonico-transfronterizo) y las voces femeninas de la irlandesa Imelda May y Nikki Hill. A la espera de próximas confirmaciones bluseras, pasamos al territorio colorido, negro musicalmente hablando, de ImaginaFunk (10 y 11), otra veterana caja de sorpresas que suele reunir lo mejor del género. El cartél de este año despunta con Fred Wesley y su trombón a la cabeza, Greenwhales, The Pimp's of Joytime venidos de Nueva Orleans y un sumando de incorporaciones. Vértigo Festival (31 y 1 de Agosto) reúne el cartel más variopinto: con intervenciones prosísticas de Chencho Fernández, rockeras (de inspiración americana) de Los Sentíos, el pop luminoso y veraniego de The Ships, la electrónica de Montgomery, la inclasificalidad (blusera con cocina instrumentística) personificada en Crudo Pimiento o el rock y power-pop de los californianos Redd Kross. Los tres días (17, 18 y 19) de Etnosur aún esperan confirmación en cuanto a músicas del mundo (sean percusiones, sitares o batiburrillos a ritmo de raggae) al igual que el multidisciplinar certamen de autor Un Mar de Canciones. De momento se va confirmando la presencia del folk nacional (gallego) con Davide Salvado. Desde grupos noveles y a grupos consolidados, todo un plantel que a tenor de las palabras del delegado de turismo Rafael Valdivielso, que ha querido "agradecer a los cinco directores por su intenso trabajo" y recalcado que estas iniciativas "demuestran que hay instituciones dispuestas a invertir en cultura", a pesar de que  "vienen siendo malos tiempos para la lírica".

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Haya esperanza o no, mientras se despejan incognitas y el calor aprieta, la gran sala del Teatro Quintero se iba preparando para reunir al abundante aforo que esperaba en la puerta. Mucha chavalada atraída por las maneras sureñas y el punto garrapatero de Juanito Makandé, aunque también por la sombra alargada del mástil del bajo de Pepe Bao. El primero en entrar, gorra para atrás y pose dejada, ocupa su sitio como brujo del oeste (del escenario) y recibe la ovación unánime que merece el que posiblemente sea el mejor bajista de la orografía española. A su intro acompasada se le va uniendo, como salido de la penumbra la otra pata de la silla, Andrés Herrera, Pájaro para los amigos y para todos aquellos, en especial, que le conocieron dando sus pinitos a la sombra de grandes como Kiko Veneno, Raimundo Amador, Silvio y otros imprescindibles. Haciendo sonar sus seis cuerdas a ritmo de un tembloroso tremolo picking, Pájaro completa  bajo y batería con una audaz muestra de riffs, aletargados en unos instantes y rápidos en otros. De súbito Pepe Bao rompe con esta pausa instrumental para dar todo de sí y dar buenos pasajes instrumentales, una mezcla de jazz fusión con malabarismos rockeros.

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Tras un golpe seco de bombo y platillo, es la hora de Makandé y sus compadres que se suben al escenario cargando estilo propio, con la guitarra flamenca como protagonista y vientos de reggae, voz áspera y letras que piden libertad. Yo no soy un crío abre la vuelta y media de un Makandé revitalizado en 2014 con Las canciones que escribí mientras volaba, con el acompañamiento de Fran Cortés como guitarra gemela; siguiéndole Calores, un tema muy apropiado para un mayo atípico, desconcertante y achicharrante.

Si eramos pocos, parió la abuela. Tomasito nunca deja indiferente, sea por su mezcla de cante lírico y taconeos o por un carisma que llena escenarios, cargado de gesticulaciones y cachondeo, pero con una habilidad en el baile indudable. "Amor y anarquía" serían las maneras y título a un repertorio, en el que no faltaron operetas galácticas como De marte a miércole y una sevillana de largo recorrido en la que la camisa de Tomasito había volado ya hacía tiempo.

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El cierre, en un escenario cargado de artistas y aderezado por la presencia de un bombo y bajo (un ritmo descongestionante como si de un We will rock you se tratara), fue protagonizado por Diego Carrasco, cantaor flamenco de voz peculiar y desgarrada, además de barba añeja. Tocando diferentes palos (con un apoyo repentino de un grupo de hip-hop) Carrasco dio la puntita con su himno atemporal, "yo siempre seré hippie, gitano-hippie" o "hippytano". Abierta la veda y como coda final, se pudo gozar de una jam desenfrenada en la que pudimos ver a un Pepe Bao tocando un bajo aflamencado, sonorizado cual auténtica guitarra flamenca, una proeza sorprendente aunque no a la altura del ya legendario chupito; y a Pájaro arrimando el ascua con espontáneos solos de guitarra. Una coctelera y un cacao que sería difícil de apreciar en una noche cualquiera y que termina por certificar que aquellas raíces flamenco-rockeras sevillanas siguen más vivas que nunca.

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