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Gonzalo Fuster: historias de un ser humano

La historia de Gonzalo Fuster (Valencia, 1976) podría contarse así:

Un día, cerca de finales del siglo XX o principios del XXI, ya ni él mismo lo recuerda, cansado de la escena musical en España, decepcionado por una industria cerrada a propuestas diferentes, el guitarrista valenciano dejó a un lado su instrumento para dedicarse a otra cosa. Esa otra cosa fue la vida, su vida. Gonzalo Fuster vivió por ocho o nueve años alejado de los escenarios a los que se había subido a inicios de los 90 (primero con Los Tranquilos, después con Los Vértigos y mucho más tarde con Ontario).

La historia la cuenta así:

—Fue una mezcla de hastío y desgano. En el 99 todo el mundo hacía la misma música y nosotros estábamos fuera de esa onda. Es cierto que ni nos esforzábamos ni tocábamos tan bien como pensábamos. Dejé de tocar, de componer, agarraba la guitarra una vez cada seis meses y no sentía necesidad de hacerlo. Nunca la extrañé.

Hasta que llegó un día en el que se dio cuenta de que la echaba de menos. A la música, a la guitarra. Reunió otra vez al grupo en 2008 al ver que había otros estilos que el público aceptaba y se animó a volver. Ontario duró otros cuatro años hasta que se disolvió. En paralelo armó Trinidad, una banda con la que sacó un par de discos antes de dejarla en hibernación. Hoy se dedica a El Ser Humano, su proyecto pop en solitario creado en 2012, con el que acaba de lanzar su cuarto álbum que tituló 3.

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La trayectoria la resume así:

—Ontario era un grupo intenso que requería un estado mental negro que no puedes mantener todo el tiempo. Yo no estoy para poses. Trinidad era lo que me pedía el cuerpo en ese momento. El Ser Humano es ir lo más ligero posible, tener el culo inquieto, hacer canciones más luminosas y optimistas. He tratado de divertirme.

Hay en 3, el disco, referencias a personajes que representan una influencia para Fuster, hijo de un vendedor de autos y una peluquera ya jubilados. Levi Strauss, Elvis Presley, Odilon Redon. Porque la música de Fuster, lo dice él, no sólo se alimenta de lo que escucha sino de lo que ve, de lo que lee. Las pinturas de El Bosco, la literatura de Truman Capote, el cine de Luis Buñuel o Leos Carax. Y eso se debe a su hermana mayor, que estudiaba Bellas Artes, y a sus dos hermanos, que escuchaban uno a The Police y otro a los Ramones. De todos absorbió un poco hasta que se animó a tocar la guitarra.

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Sus orígenes los cuenta así:

—Mientras otros amigos jugaban al futbol yo me cogía los discos y los oía durante horas. El momento en que dije que quería tocar un instrumento fue cuando a uno de mis hermanos le prestaron una Gibson Les Paul. Yo tenía nueve o diez años y vi que podía sacar Smoke on the water, de Deed Purple, sin problemas. Y dije: ‘vaya, puedo hacer lo mismo que ellos’. Primero fui autodidacta, luego mi padre me compró un curso, después fui a alguna academia de música y a los 16 me compré mi propia guitarra que aún tengo.

El Ser Humano hoy ocupa su tiempo. Tanto como su pareja Patricia, su hija de cuatro años y su hijo de seis meses. O su trabajo como responsable de Marketing de una empresa del sector químico. Tras más de dos décadas de recorrido musical, Fuster intenta recuperar el tiempo que perdió tras aquellos años de paro, o de vida.

—Esa pausa fue un retraso. Dejé de trabajar mi voz. Los primeros dos discos que saqué al regresar no puedo ni escucharlos. Ya controlo más mi timbre. Igual entendí que voy por mi camino y si a la gente no le gusta no pasa nada. El Ser Humano durará hasta que me canse, puede ser mañana o dentro de diez años.

Esa ya será otra historia.

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