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En la crema de la ola

Sea sala, festival, acústico o lo que haga falta. Un concierto del grupazo barcelonés es un flechazo al centro de la melomanía.

Desde que sacaron su de nuevo genial y rompedor disco no han parado de hacer bolos. La banda ya está perfectamente engrasada desde hace años pero incluso éste inolvidable 2014 se les ve en un momento aún más brutal, ampliando su paleta sónica, reinventándose pero sin renunciar a una personalidad que les hace ser lo que son, uno de los mejores grupos alternativos patrios —y de dónde sea— de todos los tiempos. Tú que lees esto puedes pensar que es exagerado pero no tienes más que pararte a repasar su trayectoria, su sólida versatilidad y la demanda que generan.

El cuidado ciclo Pop and dance eligió para la ocasión Joy Eslava, que se volvió a vestir de gala para la crónica anunciada de regalazos sierrocanadienses que estaban por venir. Marc timoneando la juerga, Axel de nuevo pasional y pletórico en la percusión, Jes a tope animando el cotarro como de costumbre, el sonriente Edu brillante en los teclados y Marcel muy participativo y acertado.

Entrega, frescura, frontalidad, diversión. Un setlist exquisito, «un repertorio dispuesto para el delirio, la exaltación y la comunión. Los que toquen psicodelia, rock o electrónica pondrán al respetable a gozar, hay gente que sabe a lo que ha venido al mundo y Sidonie están en ese grupo saboreando cada minuto» (Yeray S. Iborra).

Tocando todos los palos guitarrearon y teclearon pinceladas de toda su magna y jugosa obra a través de más de una veintena de canciones.

Abriendo con la atractivísima Sierra y Canadá (historia de amor asincrónico) para la primera parte entre su ramillete sónico desplegaron los himnos costazulados Persona y Costa azul, las eternas y fluidas A mil años luz —bandera generacional psicodélica, no me canso de gozarla— y El bosque y la daliniana Fascinado. Junto con Felling down nos embarcaron en viajes pretéritos y grandiosos hacia Moog y Varanasi —con los momentos más intensos de Jes proyectando con su sitar un envolvente intimismo atmosférico—, sin olvidar deleitarnos con un mítico tríptico a base del «sonido arrastrado, sexual y sucio» (D. D.) de la elegante Gainsbourg, la visionaria y acidísima Yo soy la crema y Un día de mierda, radiante oda a desdichas cotidianas a la que es imposible no unirse y que con cada cante te hace sentir mejor.

El bis lo empezó encarando Marc con arrojo y gracejo tirando de ukelele para El mismo destello. A continuación se abismó orgulloso y decidido con la mágica Giraluna.

Para el triplete final tras la pausa se echó mano de La sombra, Nuestro baile del viernes y Estáis aquí, que con su remate cósmico completó una crecida imparable y otro bolo enorme.

De Canadá a California. Tras perderse en la oscuridad hacia las bambalinas el This is the end de los Doors sellaba otro hito sonoro que deja con ganas de más y que tendrá su continuación capitalina el próximo 27 de marzo.

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