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El voto de silencio del post rock

Nocturama no dijo nunca tanto con tan pocas palabras. En el anochecer del pasado viernes, el sonido del instrumental bastó para conquistar a un público que sorprendió por ser insospechadamente numeroso.

Alrededor de las 22:00 los integrantes de Kaufer subieron al escenario y comenzaron a arrancar notas a sus instrumentos. Los efectos musicales del teclado hicieron retroceder el tiempo hasta los años 90, recreando la imagen auditiva de polígonos que disparan contra marcianitos y recuperando el opening de Pesadillas en la memoria colectiva.

Las canciones se sucedieron una tras otra, como largos interludios de una obra que no existía. El sonido desgarrado y sucio solo devolvió el aliento a los espectadores 45 minutos después, con una pausa agradecida por los componentes de Kaufer. Mas no tardaron en volver a la carga. Las últimas notas de la composición post pausa se alargaron sin un final aparente, haciendo vibrar la excitación de los espectadores como la cuerda de una guitarra. El público se mantenía absorto mientras mantenía la respiración ante el coitus interruptus musical.

toundra

50 minutos después del comienzo de la actuación de Kaufer, un misterioso personaje subió al escenario. Era el último componente del grupo. Llevaba la cabeza cubierta por una tela de rayas rojas y negras, y portaba una trompeta. La excéntrica jugada del grupo instrumental, que no dejó a nadie indiferente, sirvió para sazonar sus últimos acordes.

A las 23:30 llegó el turno del plato fuerte de la noche, Toundra. La banda comenzó con Strelka, a la que le siguió Marte. Los fans más acérrimos comenzaron a agitar la cabeza en un vaivén, contagiados por el post rock de Toundra. Continuaron con Zanzíbar y Qarqom, a pesar de su dificultad confesa para ser interpretada en directo.

Una solitaria estrella fugaz arañó el Cielo Negro sevillano, mientras que la banda interpretaba su canción llamada así. Llegados a ese punto de la noche, ya nadie parecía tener miedo a descoyuntarse, y los latigazos cervicales eran un problema del mañana.

toundra

De pronto sonaron campanadas, pero las catedrales quedaban muy lejos de la isla. Era la señal del comienzo de Kitsune. El público oyó la llamada y, como feligreses, se entregaron al éxtasis sonoro. Los integrantes de Toundra corrían por el escenario, dejándose las manos tocando, mientras repartían su peculiar comunión. Los espectadores se consagraban a golpe de air guitar y los privilegiados de las primeras filas tocaban la guitarra de uno de sus integrantes como si fuese una reliquia.

Después de Bizancio, el grupo respondió a las exigencias de su público con Medusa y finalizaron su espectáculo inmortalizando a sus parroquianos con una selfie

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