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El rito de Vessel

Manos en la cabeza y agachado, Sebastian Gainsborough, se preparaba para inundar la sala Siroco en Madrid con una propuesta en directo que trasciende su material grabado. Justo antes de empezar a atronar toda la sala, dejó los anillos junto al resto de material que utilizó para ensamblar una propuesta que tuvo mucho de rito, desde esos primeros instantes de concentración hasta la sensación que generó en la audiencia.

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Vessel ha entregado dos brillantes trabajos para el imprescindible sello Tri Angle, moviéndose por un sonido industrial y oscuro. Además ha formado parte del colectivo Young Echo, agitadores de la escena británica en las temporadas pasadas. Los directos de Vessel tienen fama de ser algo serio, como quedó claro en la cita organizada por Giradiscos. Las proyecciones de Pedro Maia que habitualmente suelen acompañar sus apariciones en directo no estuvieron presentes, en cambio, el público rodeó a Gainsborough, respondiendo a cada giro en la música.

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No faltaron las atmósferas densas e impenetrables, así como los puntuales recursos ruidistas. Si hay algo que define su sesión en directo, es la coherencia y el fluir continuo de la música. Hubo, eso sí, dos partes diferenciadas. Tras una introducción con sonidos más ambientales, terminó por quitarse la camiseta y entregar una parte más agresiva. La excitación fue subiendo a medida que avanzaban los minutos y acabó por hacerse corto, dejando con ganas de más.

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Su último disco, el sólido Punish, Honey mantiene una clara tendencia continuista, como un todo completo gracias a la virulencia de esos sonidos oscuros y directos. Un álbum que se mantiene quieto, no tiene tantos altibajos como el anterior, Order of Noise, que destacaba por ser un viaje entre distintas texturas y sonidos. Tras lo visto en su propuesta en directo, parece que se mantiene en huir de esa manifestación dispersa y descontrolada y caminar hacia una idea sólida y compacta.

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La experiencia en directo de Vessel va mucho más allá de lo mostrado en los discos, que no alcanzan a mostrar esa amenaza de la que alerta su espectáculo en directo. Canciones como Eoui o Anima muestran en directo una potencia que en Punish, Honey se queda corta. La versión de Red Sex, el tema estrella de su último disco, fue completamente desmedida, generando una sensación hipnótica. Un trance del que salimos quizás apresuradamente cuando se oyeron los últimos sonidos y Gainsborough terminó su particular rito.

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