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delbosque en la búsqueda constante del equilibrio

El centro de gravedad representa la búsqueda constante del equilibrio que frecuentemente perdemos cuando fallan los puntos de apoyo. Es esa pérdida del equilibrio, tan bien ilustrada por El Guardabosques (obra de Javier Lara Delgado), el nexo de unión de las cinco canciones que conforman Centro de Gravedad.

Tres años han tardado en dar continuidad a Interferencias, aunque todo este tiempo no hayan estado ociosos. Entremedias han grabado un disco completo, lo han desechado, y han formado parte del homenaje a Lagartija Nick, Inercia, el párpado del puercoespín.

Grabado en el estudio Pancake bajo la dirección de Fernando Zambruno (Maga, Quentín Gas, Victoria Ford…), supone un paso al frente en la concreción, nada de andarse por las ramas, no hay que rebuscar, no hay paja: cinco canciones directas al mentón sin necesidad de red. Esto es lo que hay, y no hay más.

Sin centro de gravedad es toda una declaración de intenciones, su letra es escueta pero profunda, al servicio de una voz que no quiere estar por encima en importancia de ningún otro instrumento, como ocurre en la canción convencional. Sus acordes tienen la melancolía de los días nublados de paseo por la playa en soledad. Seis minutos que se pasan en un suspiro. Se acerca la tormenta y queremos ser parte de ella, que el mar nos trague; renacer de sus aguas. ¡¿Sí o no?!, Estamos ante un claro alegato en favor del “dejémonos de tonterías”. La dosis de Planetas, cuando está bien medida, siempre produce efectos satisfactorios. Es una canción al más puro estilo del pop independiente de los años 90, Pavement o Teenage Fun Club están presentes de principio a fin. Melodía reconocible a primera escucha y un farfisa como leitmotiv. En definitiva, un tema pop triste pero alegre…¿o será al revés?

Las fuerzas, otro hit para no parar de tararear la melodía. Amor sí, amor no. Es la pista del disco que vas a querer tener siempre a mano, de esas que te hacen imaginar un tiempo ya perdido donde hay un bar al que acudir de noche y encontrarte con unos amigos que jamás van a convertirse en señores mayores. Ellos son la red del salto al vacío y la certeza de que el desamor sólo dolerá lo necesario: porque si amar nos hace bellos, también nos entristece y dignifica compartir la tristeza de lo perdido.

La lista negra. ¿Se puede hacer punk con elegancia? La respuesta es sí. Quien dijo lo del fútbol se equivocó o quiso pasarse de listo: el punk sí que es un estado de ánimo. En “La lista negra” afloran a la superficie las subterráneas ansias de protesta y justicia social que laten en todo músico que se precie. Si Joe Strummer levantara la cabeza, esta sería la banda sonora de sus vermuts.

Libertadores. Decía Richard Z. Kruspe con tristeza que el rock está muerto porque las guitarras ya no molestan a nadie. “Libertadores” no busca ser un tema de rock, aunque lo sea, y es subversivo con una extraña calma que contrasta con sus potentes guitarras y su letra, cuyo contexto nos hace pensar en las injusticias de nuestro tiempo y en un mundo que no se para a recoger a los caídos. Casi ocho minutos para llegar al apocalipsis final.

José Luis Osuna

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