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Clásicos Desganados

En artículos anteriores decíamos que el grupo Uncle Tupelo fue uno de los pioneros del llamado country alternativo o americano si se prefiere. Pues bien, arriesgándonos a hacer una analogía familiar diríamos que Uncle Tupelo fueron el padre y The Jayhawks la madre. A veces da la impresión que los de Minnesota empezaron su andadura con su famoso disco Hollywood Town Hall (American Recordings, 1992), que en parte es verdad a nivel simbólico porque fue el disco con el que por fin rompieron barreras, pero ya hacía años que Gary Louris, Mark Olson y Mark Perlman se rompían la espalda para hacerse oír. Hay que remontarse a 1986, si, cuando el rock alternativo empezaba ya a hacerse mayor con grupos como R.E.M., Sonic Youth y Pixies, para encontrar su primera grabación; The Jayhawks (Bunkhouse Records, 1986) y Blue on Earth (Twin Tone, 1989) fueron sus discos primerizos en sellos pequeños y con una distribución limitada. En cierto modo fueron como un laboratorio de pruebas para aprender y encontrar esa fórmula perfecta que les sirvió para facturar los dos discos por los que todo el mundo les recuerda; el citado Hollywood Town Hall y Tomorrow the Green Grass (American Recordings, 1995). Lo que vino después ya no pudo ser lo mismo porque faltaba un ingrediente de la fórmula. Mark Olson, una de las dos cabezas creativas del grupo, abandonó el barco. La banda quedó en manos de Gary Louris, que siguió haciendo un buen puñado de canciones brillantes en sus tres discos siguientes; Sound of Lies (American Recordings, 1997), Smile (Columbia, 2000) y Rainy Day Music (American Recordings, 2003), pero algo se perdió para siempre en el camino. En 2011 editaron el discreto Mockingbird Time (Rounder, 2011) en un retorno efímero de Mark Olson, que les volvió a abandonar más tarde.

En este contexto llegamos al presente, cuando la banda anuncia gira europea por la reedición de los discos de la etapa post-Mark Olson, y lo explicita claramente en los carteles publicitarios, pero no hay que ser un genio para darse cuenta que lo que la gente realmente quiere escuchar son canciones de sus discos anteriores a esa etapa. Sabedores de esto el grupo ha incluido algunos de esos hits en su setlist.

El paso de The Jayhawks por la sala Apolo dejó un sabor agridulce, un “sí pero no”. Vayamos por partes. Por un lado no hay nada que reprochar en lo que concierne al sonido, ejecución y repertorio. Fueron casi dos horas de show con una sabia elección de canciones de los discos homenajeados. La voz de un canoso Gary Louris sonó sublime, bien apoyada por Tim O’Reagan (batería) y Karen Grotberg (teclados), creando esas armonías vocales tan reconocibles y que les distinguen del resto. El buen olfato para las melodías ha sido siempre el punto fuerte de Louris, así como saber combinar los pocos acordes necesarios para obtenerlas. Temas del calibre de Stumbling Through The Dark, Trouble, Save it for a Rainy Day y The Man Who Loved Life valen su peso en oro. El lado más marchoso también hizo acto de presencia con las contundentes guitarras de Think About It y los pegajosos estribillos de Smile, Big Star o Tailspin. Momentos inspirados se entrelazaron con algunos más bajos cuando sonaron temas prescindibles cómo Haywire, Somewhere in Ohio o I’m Gonna Make You Love Me (con la que abrieron y que tiene un estribillo tan facilón que resulta algo sonrojante). Tema aparte está el del misterioso sexto componente que desde una esquina tocaba su mandolina sin que prácticamente pudiera distinguirse su sonido.

Los mejores momentos del concierto llegaron inevitablemente cuando cayeron cuatro temas que teóricamente no deberían estar allí pero que todo el mundo esperaba. Sobretodo dos: Blue, una de las mejores composiciones de Louris  —de hecho él mismo dijo una vez en una entrevista que nunca sería capaz de hacer una canción mejor— cantada por todos los asistentes, y I’d Run Away, ambas de Tomorrow the Green Grass y casi cimas creativas del dúo Olson-Louris; por su parte Waiting for the Sun y Take Me With You (When You Go) fueron las aportaciones de Hollywood Town Hall.

Cabe destacar también una versión de Neil Young, Revolution Blues, cantada por el guitarra de apoyo Kraig Johnson, que compensó con pasión su falta de carisma al lado de Louris, así como el tema del súper grupo Golden Smog (formado por componentes de Wilco, Soul Asylum y Jayhawks) If I Only Had a Car. El rock’n’roll divertido de la cara b Fools on Parade no pasó de la anécdota.

Dicho todo esto, lo cierto es que en cuanto a actitud la banda dio la impresión de ir en piloto automático, con poca entrega, y un Gary Louris algo cansado que casi no se comunicó con el público. Mark Perlman, bajista y único superviviente desde los inicios que nunca ha abandonado a Louris permanecía en un segundo plano casi ausente, y Kraig Johnson al lado de Louris parecía algo reprimido. Físicamente estaban allí pero mentalmente parecían estar en cualquier otra parte, y esto es lo que distingue la mayoría de las veces un buen concierto de un conciertazo. Tras acabar la última canción saludaron deprisa y les falto tiempo para largarse del escenario.

 

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