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Bautismo de fuego de Riverboy en la Sala X

Pasadas las diez de la noche, la cola que se agolpaba a las puertas de la Sala X comenzaba amenguar a medida que la marabunta iba entrando en el local. A un lado de la entrada principal estaba colgado el cartel de “Sold out”, que era observado con cierto alivio por algunos poseedores de entradas. “¡Ya ha empezado!”, le comentaba un hombre de mediana edad a su grupo de amigos, a la vez que se terminaba su bebida. Efectivamente, tras la puerta, ya sonaban los primeros golpes de tambor y acordes del tema inaugural, “A Riddle in a Pocket”, una canción que refleja fielmente lo que pretendía Charly Riverboy con su primer disco en solitario: un toque más personal y más psicodélico que The Milkyway Express.

La sala estaba a rebosar, el barullo del público junto con la música daban a entender que aquello era un concierto de los de verdad, en los que se vive la música y no uno de esos donde lo que prima es el espectáculo. No. Se notaba en las caras, en la emoción y en la tensión de lo que estaba sucediendo. Bajo los focos del escenario, José Vaquerizo, Sleepy James, Alejandro García y Tera Bada eran escuderos de lujo para Charly Riverboy, ataviado con  sombrero y chaqueta, aunque esta última le duró lo que duró la primera canción. No puede concluir la crónica sin mencionar que la calidad del directo de Riverboy hace honor a todas las canciones del disco e incluso aporta un tono más potente que el que se percibe en el disco, de un carácter más distendido.

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Charly se presentaba en su bautismo de fuego acompañado de su guitarra acústica, algo inusual para los fans de la Milky, pero sí es cierto que la música así lo exigía. De hecho, no fue hasta el bis cuando se desprendió finalmente de ella para domar a su eléctrica. Entretanto, el grupo presentaba al mundo su disco, que a pesar de ser más introspectivo y pausado que los de The Milkyway Express, dejaba entrever la gran labor de composición que lleva detrás. Muchos temas ganaron en directo. Los fantásticos arreglos de teclado, los coros, el sentido del tiempo y las texturas, todo ello hacía escalar la tensión de temas como “Rusty Knives” o “The Wind in the Willows” con ese toque mágico del directo.

También hubo tiempo para temas más pausados como “Pati”, canción dedicada por Charly a su mujer, que hizo saltar alguna lágrima entre los asistentes, entre los cuales se podía encontrar a familiares y amigos de los miembros del grupo. Sin embargo, Charly no dejó de lado su arte para meterse a su público en el bolsillo. Así pues, sacó a pasear su “Caballo Relámpago” (Lightning Horse), en referencia al single publicado a principios de año y que seguramente sea el tema más potente del disco.

Para poner el broche de oro, “Other Side” era la elegida por Charly y compañía para dejar un gran sabor de boca en sus espectadores. De esta manera, el público se rindió ante un Riverboy que no era capaz de controlar su sonrisa, metáfora de su éxito duramente labrado. Acto seguido y como prueba de su humildad, el grupo bajó del escenario para saludar a todos sus fieles extasiados por la música, que al fin y al cabo es de lo que se trata, y firmar los correspondientes discos con esa sonrisa ya mencionada y la alegría de un niño en el Día de Reyes.

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