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Backliner en la penumbra

Un día, cuando yo era joven, vi que estaba enamorado de tres mujeres al mismo tiempo: Tori Amos, PJ Harvey y Ani Difranco. Con el tiempo y experiencia, te olvidas de los amores de  juventud y aceptas la realidad... pero cuando te dicen que uno de tus primeros amores vuelven a tu pueblo, no puedes resistir la tentación de ver cómo está, si le han tratado bien los años, si es feliz... y con una mezcla de nostalgia, melancolía, curiosidad e inquietud en el corazón vas para donde solíais encontraros.

Más de 5 años hacía que no paseaba Ani Difranco, como nos tenía acostumbrados, por los escenarios del estado. Y lo eché en falta desde el momento en que me dijeron que había planeado su visita. Despreocupada, alegre, vital y enérgica como siempre y mucho más madura de a lo que nos tenía acostumbrados, comenzó el concierto con la formación que reconocimos tan bien en su primera actuación en tierras catalanas en el segundo Doctor Music Festival hace muchos años: contrabajo, batería (un hombre increíble con hombros de transatlántico que bajo una gorra rollo Harlem tocaba las baquetas como el que no hace nada...) y guitarra acústica. Bueno, más bien, guitarras acústicas. Hasta 10 guitarras acústicas detrás del escenario, todas alineadas en fila dispuesta según el orden del la setlist*, una lista que pude copiar gracias a la amabilidad del inmenso técnico de sonido. Uno de los mejores que he visto en mucho tiempo. Desde el minuto uno, haciendo sonar la guitarra de Ani como si hubieran 3 al mismo tiempo, dar botes y usar los delays y compresores en tiempo real con cada compás de cada canción. Un espectáculo que sólo cuatro privilegiados colocados detrás de la mesa de P.A. pudimos apreciar.

Con la lección bien aprendida, Ani Difranco terminó poniéndose en el bolsillo al público que llenaba el Apolo, aunque desde el principio lo tenía ganado. Con comentarios como 'las salas de Madrid son más oscuras y pegadizas' que las de Barcelona, o con <<aquí las chicas van casi mostrando sus pechos y todo el mundo se besa y se da abrazos por la calle, como si fuera su casa, y esto es fantástico>> estaba claro que quería recuperar el espacio de primera línea del folk rock acústico que explotó en la década de 90, gracias, especialmente a sus álbumes que decidió editar desde su independencia hace 20 años, creando su propio sello Righteous Babe. Por citar algunos de los imprescindibles: Not a pretty girl (1995), Living in clip (1997), Little Castle Plastic (1998), To the teeth (1999) o Revelling/Reckoning (2001), entre unos quince más.

Y entre las muchas maravillas (su voz, destreza tocando y simpatía) que nos mostró durante la hora y media que estuvo sobre el escenario una de las mejores sorpresas fue descubrir el nuevo álbum, sin fotos bonitas, sólo con música llamado Allergic to Water grabado en dos sesiones, una de ellas cuando estaba aún embarazada de 6 meses y medio, y otra más de un año y medio después de tener su segundo hijo. Este CD es el primero producido y mezclado por sí misma después de años de trabajo junto a su productor y marido Mike Napolitano.

Sólo eché en falta una cosa, cuando presentó a la banda no incluyó al backliner, quien estuvo detrás de la batería como parte esencial del concierto, que estuvo todo el tiempo preparado y atento a los múltiples cambios de guitarra y afinando en la penumbra. Sin él, el concierto no habría tenido el ritmo ni la tranquilidad apropiados para la artista.

* 1. Fuel, 2. Angry any mother, 3. Not a pretty girl, 4. Fire door, 5. Woe be gone, 6. Careless child, 7. Modulation, 8. Manhole, 9.Swan dive, 10. Genie, 11. harder than it needs to be, 12. See see see see, 13. Sun morn, 14. Happy all the time, 15. Untouchable, 16. Shameless. Bisos: 17. Gravel, 18. Joyful girl.

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