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La 35ª edición de El Festival de la guitarra de Córdoba vende pero no convence.

La trigésimo quinta edición el festival de la guitarra, celebrado en Córdoba, puso punto y seguido el pasado domingo con el concierto de Sting, líder de la desaparecida banda ThePolice.

En esta edición, la de 2015, se ha relegado la guitarra a un segundo plano ya que cartel destaca la ausencia de un guitarman por antonomasia. A la cabeza, en cambio, sobresalen las actuaciones de Bob Dylan, Serrat, Sting o Rosendo, aunque es cierto que este último pertenece al bando más guitarrístico, no se ha sido como años anteriores donde la guitarra sí era la protagonista, y después el icono. Artistas como Al Meola, Tomatito, Robert Cray o, incluso, Paco de Lucía, han sido los referentes en ediciones pasadas. Este año ha prevalecido el icono, el nombre del artista.

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Poco o nada tiene que ver los conciertos de Bob Dylan o Serrat, pero siempre es de cierto agrado escuchar y disfrutar de dos genios de las letras. Bob Dylan, ha recorrido España sin conceder privilegio a la prensa y claro, Córdoba no iba a ser menos, por lo que para ver a Zimmerman había que formar parte del público ya que casi vetó a la prensa. En cambio, a versión catalana del maestro de maestros, Joan Manuel Serrat, fue la justa oposición de su amigo y compañero americano. El espectáculo que ofreció fue eso, un espectáculo. Nadie puede perecer sin haber sentido el directo al poeta, músico y compositor. Su andadura, larga y extensa, por los escenarios le han hecho ser un hombre que se camufla tras un micro y da sentido a sus canciones a través del aplauso. Serrat es como los vinos, como los grandes y añejos vinos. Su es estilo se saborea conforme la solera. Las letras y la música que las acompaña se hacen mejor con el tiempo, y más si tienes la valentía de decir lo que nadie es capaz de expresar o contar.

Y del ala este de la veteranía musical española viajamos hasta el centro de España, concretamente hasta Carabanchel. De allí nació, hace años, lo que hoy conocemos como Extremoduro, Platero y Tú o Marea. Hablamos de Rosendo, padre de nuestro rock. Pero todo pare llega a una edad donde repito ciertos conceptos desactualizados que antes disfrutaban de validez. Vamos, que no se puede vivir de lo que se fue, y eso intenta este viejo rockero sin alma que descargar. El concierto monótono y automático que ofreció fue lo más pesado que he vivido en años. Pero en todos los sentidos. Aburrido y sin alma se observaba al madrileño en el escenario, acompañado de un bajo y una batería. Dejó mucho que desear. Fueron los teloneros, Los hijos del hambre los que pusieron un poquito de magia a una noche plácida de verano.

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Pero si por algo se caracteriza el festival de la guitarra es por el mejunje musical que ofrece. Uno de los más placenteros fue Ali Khattab/ HeshanEssanDuo, un dúo de guitarra y laúd. Mágico. La conjunción de dichos instrumentos te transporta mecido nota tras nota. Al igual que el Niño Josele y Chano Domínguez, a la guitarra y piano respectivamente. Esta combinación, entre la guitarra española y el piano de cola fue sublime ya que ambos se fundían. El piano se dejaba querer tanto por la guitarra que parecía en momentos compartir las mismas cuerdas frotadas escupiendo sonidos articulados en clave de Fernando de Trueba. Sí. Estaba el gran director por allí, pero solo su esencia ya que fue el quien juntos a estos dos elementos para un film suyo.

Esto ha sido un pequeño resumen de lo que fue la 35 edición del festival de la guitarra, una edición donde se ha echado de menos el instrumento emblema y se ha echado de más el sobrenombre del artista.

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