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El triunfo de la experimentación

Solo grupos tan excelsos como Radiohead pueden revolucionar dos veces el rock en tan poco tiempo. Tras el magistral OK Computer de 1997, el conjunto liderado por Thom Yorke y Jonny Greenwood dio la bienvenida al nuevo milenio con el que probablemente sea el disco más influyente de los últimos 20 años, Kid A. Pocos son capaces de, en plena cima de su carrera, dar un giro de 180 grados al estilo que les dio el éxito comercial y convencer con un álbum muy adelantado a sus coetáneos.

En este abstracto y ambicioso trabajo se atrevieron a experimentar con elementos de la música electrónica, influidos por artistas del IDM y del ambient de los 90 como Aphex Twin, dándole un menor protagonismo a las guitarras. Además, añadieron instrumentos de viento propios del jazz a sus composiciones, modificaban y distorsionaban la voz de Yorke en la mayoría de las pistas y el ritmo de las canciones era más acelerado, recordando a las baterías del krautrock alemán de la década de los 70.

La carta de presentación del álbum, Everything in Its Right Place, advierte que este disco no se parecerá casi en nada a los tres que había grabado la banda hasta ese momento; ni guitarras, ni bajo ni batería aparecían en este corte, donde la melodía repetitiva del piano eléctrico de Yorke y su voz ampliamente distorsionada tienen todo el peso de la canción. El tema homónimo del disco es uno de las más raros que ha hecho la banda, lleno de ambigüedades en sus letras y con pinceladas de música ambient, género que desarrollarían plenamente en Treefingers, que actúa a modo de transición entre la devastadora y depresiva How To Disappear Completely y la sorprendentemente positiva (pocos precedentes hay de Radiohead en esta línea) Optimistic, en la que Thom Yorke parece que se anima a intentar las cosas a sí mismo, quien minutos atrás cantaba destrozado y sin esperanzas.    

El primer gran clímax del álbum es The National Anthem, con una potentísima línea de bajo y una alocada progresión jazzística. Luego Idioteque rompe todos los esquemas. Muy experimental y con unos beats muy bailables, sus letras parecen describir conflictos armados, desastres ecológicos y el auge de las tecnologías, temas muy candentes en la época, en lo que parece una predicción desasosegada de una oscura época venidera.

Kid A nos regala otros grandes momentos como la etérea In Limbo, una rítmica canción sobre el divorcio como Morning Bell (que volvería a aparecer reinterpretada en su sucesor, Amnesiac) y la maravillosa y triste desembocadura del disco Motion Picture Soundtrack, una especie de banda sonora imaginaria, equivalente a “Exit Music (For a Film)” de Ok Computer, que pone fin a 50 minutos plagados de excelencia musical.

Una obra maestra absoluta y uno de los picos artísticos de Radiohead, que pocos meses después tuvo una notable continuación en la misma línea con Amnesiac.

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