Flamenco y blues, músicas del alma | Revista independiente de música

Revista de música independiente en:

Más poplacara:

Flamenco y blues, músicas del alma

Posiblemente se den pocos casos en que dos músicas tan distintas, como el flamenco y el blues, tengan tantas cosas en común.

Para empezar, aunque sus cunas estén separadas por miles de kilómetros de distancia, ambas tienen la misma base socio-cultural: la clase social de los más desfavorecidos del sur rural.

Según el notario y político Blas Infante,  «el flamenco nace entre los campesinos sin tierra de la minoríamorisca de Andalucía y su mestizaje con gitanos, judíos y castellanos».El blues lo hace en la comunidad afroamericana, formada por los descendientes de esclavos que trabajan las ricas plantaciones en los Estados Confederados de América.

Ambos géneros musicales salen del alma y expresan, de forma espontánea y con palabras crudas, el sufrimiento, la opresión, la miseria y la marginación de sus protagonistas,  principalmente jornaleros y recolectores de latifundios y grandes plantaciones.

«El quejío es un grito de desgarro, un canto de denuncia contra la injusticia social, el lamento y la queja del pueblo andaluz largamente maltratado» (Salvador Távora). Por su parte, el holler o grito de campo se canta para superar el blues, la tristeza del espíritu del que no encuentra consuelo para una vida dura y llena de sinsabores.

A los dos hay que verlos en directo y sentirlos. Se prestan a la improvisación, a la experimentación y la fusión con otras músicas.  Juegan un papel  principal la guitarra y el ritmo o compás. Utilizan notas musicales, como es el caso de las  blue notes,  que recalcan la expresión de sentimientos como la melancolía.

Se basan en el cante y en el baile, la expresión y la potencia visual, con ausencia casi total de texto. En sus formas más genuinas son presentados como ceremonias, alejados del folclorismo y comprometidos con sus orígenes.

También coinciden cronológicamente. Partiendo de formas primitivas en el siglo XVIII, evolucionan durante el siglo XIX y se expanden durante el siglo XX. En las primeras décadas del siglo XXI son reconocidos y mantienen su influencia.

Comienzan a interpretarse en encuentros de la familia y la comunidadpero pronto saltan a pequeños escenarios de cafés cantantes y honkytonks,  locales de mala reputación situados en barrios populares y del extrarradio.

Estos géneros se transmiten con las migraciones provocadas por la búsqueda de mejores condiciones de vida de sus intérpretes. En el norte industrial son bien recibidos por músicos que viven realidades similares y que reaccionan a la ideología conservadora dominante.

Sus respectivos repertorios primitivos, creados por músicos anónimos, se van mezclando con nuevas orientaciones y sus músicos se van profesionalizando.  Surgen como músicas populares y se desarrollan hasta ostentar la condición de arte, con composiciones y estructuras complejas, equivalentes a las de la llamada «música culta».

Con frecuencia, incluso han sido manipulados comercialmente. Sus realidades han sido falseadas y ocultadas por sólidos tópicos, llegando a servir de entretenimiento en el ámbito de la cultura de masas. Según Távora: «el flamenco era un instrumento utilizado para poner una careta alegre y colorista a un pueblo triste y sin color». «Tierra vieja del candil y la pena», lo definió Lorca.

Industrialmente, ambas músicas se desarrollaron en pequeños sellos discográficos independientes.  En muchos casos, cuando con posterioridad han suscitado el interés de las grandes compañías, han perdido parte de su identidad y frescura.

Como síntesis de su legado, podemos decir que la expresión de dos pueblos, el andaluz y el afroamericano, han revolucionado el panorama musical y cultural, llegando a ser considerados movimientos artísticos con implantación a nivel mundial.

* Artículo publicado en la Revista TeVeo, número especial para la Bienal de Flamenco de Sevilla.

¡Compártelo!