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FIB 2019, Jueves-Viernes

Ya llegan. Las tiendas de campaña colgadas de hombros con ganas de ser movidos por inercia, las ojeras de horas de viaje y de no haber descansado bien la noche anterior, las emociones a flor de piel y la energía reservada durante todo el año con ganas de ser más que usada. Las puertas del Festival Internacional de Benicàssim se abren y Jesús es Negro de Novio Caballo los acompaña, inaugurando el escenario principal de ese día.

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Los siguen las chicas de Queens in the north dj que ponen a bailar a los más cercanos al escenario South Beach, este año sin piscina, pero decorado con colores llamativos y un tapete verde, todo muy chill. Siendo realistas, fue el lugar que más lo petó de los cuatro, siempre abarrotadísimo.

Y llegaron. La piel más erizada del mes y pupilas dilatadas con Fontaines D.C (incluso más que las del cantante). El grupo dublinés, que estrenaba su álbum de estudio, Dogrel, hizo del escenario Carrefour un altar. Su ya mítico Sha Sha Sha dio paso, ahora sí, a la verdadera esencia del FIB. Intensos y fundidos en golpes frenéticos de post-punk hicieron una actuación de once. Un verdadero descubrimiento. Además, la voz de la banda se acercó para charlar un rato con algún que otro fan, además de tomarse selfies y fumar un cigarrillo. Muy punk todo.

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Los sucedió una de las divas actuales del pop internacional, MARINA. Se quedó sin tiempo y no pudo interpretar su gran favorito Heartbreaker, pero no fue algo que los fans no le perdonaran. Y es que la escenografía sencilla, pero perfectamente contextualizada, las luces y los colores que tan bien acompañaban al vestuario, las bailarinas y ella misma tan fantásticamente colocadas en todo momento y como no, sus maravillosas cuerdas vocales, y su continuo agradecimiento al público no pudieron estar mejor.

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Eran las 23h en punto y los irlandeses ya exigían a Kodaline en el ambiente. Tras la primera caída de alguien del público hacia la zona de los fotógrafos, Follow your fire abrió paso a la mejor hora del jueves. Steve Garrigan y su banda presentaba su lado más pop-rock con su último disco, Politics of Living, lo que recordó al parecido cambio de registro que desde hace unos años viene haciendo Coldplay. Sin el típico gallo del cantante en All I want y totalmente entregados, derrocharon talento de la mano de su parte más indie con temas como The One, o la gran esperada High Hopes. Y cuando todos pensábamos que esto acababa, un gran cargamento de confeti le puso la guinda a la magia existente.

Recuperarse de un concierto tan hipnotizante no es fácil, y Action Bronson no supo romper el hechizo. Una espera de 45 minutos hizo que el público subiera sus expectativas y, en los tres o cuatro raps que le dio tiempo a hacer, no las cumplió. Pero para eso estuvo FatBoy Slim, el cabeza de cartel del 17 y broche de oro perfecto para culminar el primer día. Mares de gente nadaban entre las buenas vibras de Praise You, para más tarde corear a Queen, Beyoncé o el tipiquísimo Satisfaction de los Rollings.

Otro retraso de una media hora fue lo de The Blinders, los cuales no tuvimos la ocasión de ver porque nos fuimos a hacer cola para Superorganism, la banda de pop electrónica más estrambótica del viernes. Orono Noguchi y los suyos crearon una atmósfera psicodélica, utilizaron frutas como instrumentos, nos vacilaron cuando les apeteció y cambiaron de vestuario cuando les pareció. El buen rollo bien servido.

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Y, tras ellos, aparece The Hunna y rompe el suelo y revienta oídos de placer. La dulzura vocal de Dan encaja con los zumbidos de un buen indie-rock inglés intenso. Aún no entendemos qué les hace falta para triunfar del todo, pero estamos seguros de que algún día serán cabeza de cartel.

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Con Gerry Cinnamon se disfruta del acento escocés en su máximo esplendor. Con una base preparada y su guitarra acústica, su sonrisilla y él entonaban dando saltitos en el sitio. El público lo amaba y él lo apreciaba, es más, soltaron alguna que otra bengala de color, vitorearon su nombre continuamente y cantaron todos sus estribillos. Un brutalísimo acierto. Te queremos, Gerry.

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De repente, avalanchas de personas corriendo desde todas las direcciones: The 1975 ha empezado. Los de las primeras filas llevan haciendo cola desde la 1 p.m. y aún les queda la cabeza de cartel. Si por algo se caracteriza la banda es por haber subido como la espuma, no se concibe un cartel de festival sin ellos. Tienen ese algo que los singulariza. Y esas bases. Y Matthew Healy, que se comportó como un verdadero pop rock star, no paró quieto e incluso casi se ahoga con su propio micrófono.

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LA M.O.D.A fue el altavoz de la música española del viernes, y estuvieron espléndidos. A pesar del auge de los de Burgos, saben ser modestos. Vestidos de blanco como de costumbre, la voz rasgada de David Ruiz puso en pie a medio FIB. El público, entregadísimo. Y el cantante, entre este. Sintiendo la energía. Y no es para menos, porque a pesar de que tenían el horario más complicado, sus fans los valoró.

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Lana del Rey provocó enfados, también se retrasó media hora. Solo permitía que la fotografiasen profesionales con contrato previo. Incluso se le quedó corto lo de diva con formato de los 60. Pero al montarse en el escenario era ella, en su esencia pura, rodeada de palmeras y tirada en el suelo, sobre el piano o columpiándose, hasta en blanco y negro. Supo cómo recompensar la tardanza, y durante Venice Beach, su última canción, se bajó a firmar decenas de carteles, ilustraciones…Se llevó unas gafas de sol prestadas de un fan, fotos y más fotos y el perdón de casi todos.

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