Videoclips y Censura | Revista independiente de música

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Videoclips y Censura

Videoclips y Censura

En esta segunda edad de oro que gracias a Internet, las redes sociales y plataformas como YouTube o Vimeo está viviendo el género del vídeo musical o videoclip, todavía me sorprendo en mi búsqueda diaria de la cantidad de ellos que sufren censura. Algunos, la mayoría, por contenido sexual, pero no solamente, otros muchos lo son por su índole políticamente incorrecta, por su violencia explícita o por su carga moral.

No voy a dedicarme a hacer una lista de todos los videoclips históricos que por cualquiera de estas u otras causas fueron prohibidos, transformados o recortados. Son muchos y alguno de ellos míticos como los de la tantas veces polémica Madonna, Like A Prayer (Mary Lambert, 1989), Justify My Love (Jean-Baptiste Mondino, 1990), Erotica (Fabien Baron, 1992) o American Life (Jonas Åkerlund, 2003); el de Frankie Goes To Hollywood, Relax (Bernard Rose, 1983); el de Michael Jackson, They Don't Care About Us (Spike Lee, 1996); el Snack My Bitch Up (Jonas Åkerlund, 1997) de Prodigy; o el de Duran Duran, Girls On Film (Godley & Creme, 1981), que fue el primero censurado por la entonces recién nacida MTV.

Prefiero centrarme en la actualidad donde el relevo inquisidor ha sido tomado por YouTube que aplica estos criterios censores con bastante arbitrariedad a mi parecer. Sonado fue hace poco el caso de uno de los últimos vídeos del gran David Bowie, The Next Day, que fue censurado, aunque sólo durante unas horas, por dicha plataforma. En él, y con la ayuda de la maestra Floria Sigismondi a la realización y las excelentes actuaciones de Gary Oldman y Marion Cotillard, se mezclaban temas como iglesia, prostitución, sexualidad y sangre, mucha sangre.

Otro caso flagrante es el del excelente grupo inglés Is Tropical que ha visto desaparecer recientemente de la plataforma dos de sus vídeos, el último, Lover's Cave, dirigido por el fotógrafo de culto Richard Kern, por exceso de desnudez, y el no demasiado lejano tampoco Dancing Anymore (Megaforce, 2013), por hacer apología de una actividad tan natural como es la masturbación. ¡Polémicos que son los chicos!!

Parece que tampoco la denuncia política y social es bienvenida y como ejemplo no hay más que citar el revuelo que suscitó el vídeo dirigido en 2010 por el experimentado agitador Romaní Gavras para Born Free de M.I.A, donde se hacía una metáfora, bastante explícita por cierto, de la violencia racial y la xenofobia que no gustó nada en los Estados Unidos.

El último caso que me he encontrado es el del grupo francés Indochine que ha contado con la joven promesa canadiense Xavier Dolan para realizar su más reciente videoclip, CollegeBoy, que fue censurado por varias cadenas de televisión francesas por el crudo y durísimo relato que hacen del acoso escolar.

Acabo ya con una reflexión en forma de pregunta retórica, ¿Cuál es el rasero de todos estos medios a la hora de decidir qué es lo que debemos ver o no? Estamos acostumbrados a contemplar en horario de máxima audiencia películas extremadamente violentas, informativos cargados de imágenes que te golpean el corazón y la mente, como las que vimos incansablemente hace un par de fines de semana con motivo del triste accidente de tren en Galicia, jugar con videojuegos donde las vísceras saltan a la mínima, etc, etc... ¿Hay alguien que me pueda explicar cuál es el criterio que gobierna en esta doble y falsa moral???

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