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Primera toma. Columpiándonos

El privilegiado enclave del Hipódromo de la Zarzuela fue dónde tuvo lugar la esperada primera edición del Tomavistas. Un cartel lleno de grupazos independientes pata negra que no defraudó.

Tras las actuaciones de Tigres Leones, Cómo Vivir en el Campo y Coraje siguieron abriendo el melón las distorsiones y el gracejo del animado cuarteto murciano Perro, que se marcó un double dragon guitarropercusionil pluriempleil multitarea turnándose en el teclado y en los comentarios juguetones. Una función con hambre y actitud para ir dando pulso a lo que se avecinaba.

Desde Zamora, el pop difuminado de El Lado Oscuro de la Broca actuaría de previo para el empaque shoegaze profundo del trío Nudozurdo, maestro en los cambios de ritmo, que siguió entonando a los presentes.

Mientras preparaban los nuevos instrumentos y juguetes varios, tocaba volver un rato al césped de la mano del anglopop con toques de la mejor tradición del rock estadounidense de los madrileños Jack Knife.

Arañando el atardecer, los galaicos Triángulo de Amor Bizarro desplegaron desde el primer acorde toda su atronadora potencia contagiando a una audiencia cada vez más entregada. Torsiones míticas en la línea de Los Punsetes y Los Planetas (palabras mayores, oiga) en una cuidada selección de toda su discografía. Con una audiencia ya panópticamente abducida, petándolo literalmente con el himno de su último disco, Estrellas místicas, continuaron su clase magistral de pedaleos legendarios que algunos pudimos catar con los amplis bien cerca, temblando a pleno pulmón. El pabellón había quedado bien alto y era difícil superarlo.

Edredón surtió electropop con ráfagas dispares entre las elegancias oscurantistas y el intimismo.

Los rugidos de León Benavente, con Eva Amaral bien atenta entre las primeras filas, volvieron a dar muestra de su letal escena y gran pegada frente a la gente. La anécdota fue sin duda la caída perfectamente rehecha de Abraham Boba mientras se vaciaba con El rey Ricardo. Ser brigada y Ánimo, valiente fueron prácticamente un karaoke colectivo generalizado: es casi imposible no unirse a semejantes cancionzacas. Un concierto de subida continua maximizante que enganchó al respetable desde la primera canción.

Los fluidos, energéticos ecos y tonalidades de Fira fem preparaban el asalto final.

Las horas previas habían estado fetén, pero aún quedaba lo mejor. Pocas veces me ha impactado tanto poder ver por fin a una de mis bandas favoritas en vivo (creo que sólo me ha pasado realmente con Los Planetas, Sidonie y Alborotador Gomasio). Semanas atrás había estado en bucle con el ipod. Llegaba la hora de El Columpio Asesino, que mediante un directo descarnado, salvajemente brutal fueron introduciéndonos en todas sus texturas respetando la cronología de su último disco para los primeros temas.

(Intro) Babel empezó a sonar desde la oscuridad mientras iban ingresando uno a uno todos los componentes de la banda. Los pedaleos y guitarreos pro que seguirían aún resuenan entre la afortunada colectividad. La puesta de largo difícilmente igualable se visualizó con el irreversible protagonismo de Álvaro Arizaleta, un intérprete completísimo con el aura y la realidad de un aparataje alienígena ciborg guitarro-vocal-bateril que nos dejó con el culo torcido. Babel, Toro, Perlas o himnazos pretéritos (Vamos) relampaguearon por todos los confines del recinto con una fuerza imparable para reforzar a sus fieles seguidores y ganar adeptos a la causa de un grupazo capaz de seguir reinventándose y por tanto en su mejor momento.

El fin de festejos correría a cargo de Dj Pau Roca (La Habitación Roja), pero el pan de la intensidad ya estaba ganado y había que descansar un poco para afrontar la siguiente fecha.

Autor: Pablo De Serna

Fotografía: Pedro Bao

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