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Noches de Regreso

La noche del uno de marzo fue clara y tranquila. El hondureño Rigo Ochoa presentaba su segundo EP titulado The Taste of Impermanence en un rincón de Sevilla llamado La hermandad del sushi.

Efectivamente, había sushi, también camareros japoneses, cuadros esparcidos por las paredes, fotografías de la Giralda, farolillos de feria y un cuadro del escudo del Betis hecho con arroz. El sitio estaba completo. Al fondo, cerca de la barra, un caricaturista, en la entrada, una risueña alemana contando sus experiencias con la comida japonesa, y a la izquierda, la familia de Rigo Ochoa tomando y comiendo sushi. Entre ellos reían, se abrazaban y conversaban. Hablaban sobre proyectos; escribir canciones con las letras de una poetisa, y sobre sueños; recorrer la costa andaluza en caravana. Quizá fuera la mezcla de culturas lo que hizo que más tarde, la madre de Rigo, Rosario Rodríguez, dijera que sentía un «calorcito en el corazón» pero en aquel momento, corría la cerveza.

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Rigo Ochoa ama la música. Es algo indiscutible como lo es el hecho de que la noche fue clara y tranquila. Su amor es antiguo y profundo porque ya en las entrañas de su madre, él la sintió. Su madre y su padre tocaban canciones de amor, y hacían música por los derechos humanos en Honduras. Canciones que, más tarde, tocarían madre e hijo en directo para la emoción de todos.

Rosario Rodríguez presentó el segundo EP de Rigo diciendo: «…a mí me ha tocado verlo en casa trabajando y trabajando, porque la gente cree que no, pero los músicos trabajan... Este disco ha nacido de un arduo trabajo, cabe decirles que bienvenidos, porque siento un calorcito muy rico en el corazón». Con una copa de vino en una mano y la guitarra en la otra, Rigo se dispuso a tocar la primera canción.Una canción sobre el sencillo regalo de estar presente, hablar y mirarse. Sobre la magia que se produce cuando una persona está frente a otra. Una canción llamada Unconditionally Present. Nadie de la sala pudo resistirse al ritmo de los acordes, ni a la dulzura de una voz poco común pero al tiempo cercana, conocida.

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Las canciones que continuaron alternaron el último EP, con el primero Cinco canciones para el hambre. El inglés y el castellano respectivamente. Todas con un ritmo particular, envolvente y suave. Conmovedor y al tiempo incitante. Las canciones de Rigo Ochoa movían a bailar con los ojos cerrados, como así lo hizo su madre mientras cantaba despacio, como así lo hicieron tantos otros. Cada una de sus letras cuenta una historia, un cuento, una fábula. Hablan de su tierra, de las personas, del amor, la juventud y la locura. Sus canciones hablan, dicen y hacen regresar.

La noche seguía calmada cuando terminó la música, pero ya no era la misma, algo había cambiado: teníamos calor en el corazón.

Al despedirse, Rigo Ochoa dijo, regresad cuando queráis.

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