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Ni un sólo minuto sin música

Cuatro cápsulas musicales centraron nuestra celebración particular del Día Europeo de la Música, acogidos por Fnac y bajo el lema "Ni un minuto sin música". The Strangers, Genérica, Turmalina y BtheFake convergen géneros en un marco acústico, novedoso y no exento de retos.

Oficialmente no es la ciudad de las luces a pesar de absorber una buena cantidad de luz solar en los inicios de un nuevo y típico verano. Tampoco la ciudad del amor, aunque "para hacer bien el amor" haya que ir "pal sur". Pero en cuanto a música, la ciudad hispalense ostenta una bien ganada medalla de oro como capital mundial de la música, sea por tradiciones, infraestructuras y un largo etcétera. Fuera de la oficialidad, la calle siempre respira música, fuera de los circuitos cerrados de teatros y aforos completos, siendo legión aquellos que desde humildes estudios, la casa de tu amigo, bar del extrarradio o humilde rincón de la calle Sierpes, explotan e indagan en constante difusión y promoción de un trabajo desinteresado que llega a nuestros interesados oídos. Lo que podría ser un simple pasatiempo, un ocio en el que consumir parte de tu tiempo o dinero se termina por convertir en una costumbre; incluso más: en una forma de vida que rebasa lo cotidiano y se adentra en la atemporalidad. "Ni un minuto sin música" es el lema escogido por Fnac para acoger en diversas ciudades españolas una maratoniana jornada de puertas abiertas a la innovación y a aquellos que noveles o veteranos cargan sobre sus guitarras el pulso de la ciudad. "¡Que no pare la música!" sería el grito de guerra para resumir las 11 horas ininterrumpidas, que variaron en variedad e intensidad por la imposibilidad de mantener una audiencia fija a horas tan intempestivas como el mediodía.

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Al filo de la oscuridad

Ya nos sorprendieron en la presentación de su álbum debut #1 con un sonido intenso y cargado de atmósferas e instrumentos que claman de pura asfixia. La travesía por sus sonados singles Up and Down y The Way you are alternó con una ristra de temas nuevos como Femme Fatale, Glasstone, Fortunes Wheel o Cobarde, tema de cierre. Un conjunto liviano de dos guitarras generó una actuación en general más suave, con un avistamiento que ya despunta en el juego de equilibrios entre los aspectos más oscuros metálicos e industriales y los ritmos contundentes, aún teniendo en cuenta un formato limitado en el que no se podía dar rienda absoluta a las tribulaciones garajeras. Por ahí se coló una curiosa versión del tema dance Blue que con su "Dabadee" bien podría calzar en el estribillo rockero.

Genérica añade colorido a la paleta

Emociones intensas, melodías coreadas y estampados diversos. Un público creciente daba la bienvenida al palabreo y a los mensajes cargados de sentido en boca de Rafael Pachón. Canciones camino de imponente ritmo y frases certeras como las de Gran Manzana, Laberinto y Vudú, mientras Corona de Espinas y Luces de Neón hacían partícipe a un público que recordaba a los Lori Meyers coreando aquél paparapapá-pa. Un homenaje con motivo del paso del grupo por Granada, con un ligera parada en el humor (la crónica de unos guardias civiles que antes de llegar a Valencia, se empeñaba en registrar de arriba a abajo la furgoneta del grupo) y un homenaje más para Fran Montaño, de los Bittersweet, al que ofrecieron Los Cuervos. El Despido dio la puntilla a los rasgueos del grupo que cedió el protagonismo a un público entregado por última vez.

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Turmalina: magia y teorema de la "Mujer herramienta".

Bajando al universo pop, los chicos de Turmalina dieron rienda a sus cuerdas (Pablo Donato y Alberto Santana), teclas y aparejos (en las manos de Fran Rosado). Todo o nada era la valiente apuesta a un estilo enriquecido de teclados y pulsos electromagnéticos que se intensificaron a gran escala en Hasta cuando pararán los pulsos. Una base que servía para potenciar la ya de por sí imponente voz de Ángeles Jiménez, de amplio registro (y habilidades con una buena variedad de instrumentos) en cada una de las paradas subsiguientes: Epicentro, Infinito real, Fuego en las ruinas y un sinfónico y casi trágico Muro de Berlín. La decidida apuesta por el bailoteo, quedó algo atenuada por el abrasador mediodía, pero dio muestras de variedad que terminaba por dar contraste con la epicidad comprimida de Glaciares.

Re-edición e ironía contenida

De vuelta a la llanura de los escenarios, Bosco de BtheFake volvía a erguirse como en otras tantas ocasiones, guitarra en mano y sólo ante el peligro. Desde la desnuda sencillez que una guitarra acústica puede soportar, la re-edición de algunos de sus temas sonaron bien diferentes a lo que en sus discos se puede percibir, caso de Re y de una (mucho más) pausada Cuántico. Sin artificios de estudio, más que letras son gestos, teatro de aquél que nos muestra a aquellos líderes y/o iluminados de Creyente, historias dramáticas como la del ilustre personaje Plácido, de resacas y anhelos como Bienestar, Adiós y Bajón... y de castigo en Presidente para los Hermanos Dalton, hispánicos y contemporáneos, que gobiernan nuestras depauperadas villas. Era el colofón de un día que mejor podría haberse repetido en un empalme continuado de lunes a domingo. O lo que es lo mismo: que no pase un sólo día, ni un sólo minuto sin música.

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