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Mucho en Boite Live

Mucho [sala Boite live 30 enero 2014] Grecolatinismos cósmicos

«El noble arte del rock está hecho para que suene alto». Y de qué manera. Así fue como presentaría Martí Perarnau Como si no hubiera mañana ayudado por su goloso juguete Akai. Una frase que condensa y resume honradamente lo que supuso todo el show del último juernes del primer mes del año: 14 canciones en las que Los Mucho fueron brillando y deleitando exponencialmente al personal.

Desde la apertura de puertas ya había una cola curiosa y unos alrededores efervescentes. Con puntualidad prebritánica se presentó el cuarteto toledano (que también se hizo acompañar por un cuarteto de teclados) en el centro de los focos, que fue desplegando su arquitectura sinfónicocósmica desde los primeros acordes con oficio, sorpresividad y enganchando al respetable de principio a fin. Al estimado acto acudió gente del rollo como el gran Julio Ruiz y un par de componentes de Miss caffeína.

Fausto Pérez, el guitarrateclista pluriempleado estuvo entregado, pasional y grande saliendo al epicentro de la sala para tomar posiciones con un limoneado copazo (Martí se decantó por anaranjar el suyo).

La sala quedó algo compactada para la exponenciante demanda, como también fue compactado el inmenso bolo de Mucho que en una horica y pico más los bises encapsularon su pop cósmico tocando todos los palos de su trabajada baraja sónica.

[No está nada mal que la primera vez que ves a un grupo que te gusta y al que sigues desde un tiempo razonable puedas tener al cantante y al resto de la banda prácticamente a un metro de distancia, nube fluctuante de fotógraf@s mediante]

Martí se mostró muy fluido, ameno y ducho (con mucho carrete como él mismo afirmara) en las charlas intercancioniles.

El concierto fue de esos tan geniales que se te hacen cortos y te dejan con ganas de más. El lugar podía ser pequeño pero Mucho le sacarían un sonido gigante con cada tema patentizando un sonido fiel al disco tirando de un más que apañado surtido de pedales, un lujo para la melomanía.

Arrancaron para ir calentando con Motores y Corre mi reloj. En la base de la montaña fue precedida por unas arengas a la patria chica manchega y rematada por un cierre distorsionante premium para abrir boca a todo lo que vendría después enlazándola con El lustroso alarido, finiquitado con un buenrollista duelo final entre vocalista frontman y teclista divertido y digno de mención.

Luego se descubrieron con un tríptico desempolvando una pretérita cancionzaca, La casa en pie, dedicándosela a todos los presentes para continuar con otra no menos pocha, Las plantas, anunciada como balada finalizando con El sitio incorrecto.

Uno de los momentos más chanantes llegó con La larga sonrisa del emperador, pregonada por una ráfaga techno graciosa y bien hilada. Instantes más tarde se marcarían una versión de The raconteurs, enmarcando el único momento anglolírico de la noche.

La siguiente de la lista sería el atinadísimo himno “apocalíptico” Más feliz sin televisión, en sus momentos clave atronadoramente coreada y degustada.

Entonces llegó la ocasión de lucir una nueva, La primera luz del día, presentada como baladón sideral (como rezaba su set list) endulzada con el toque retro viejuno de un mítico y añejo Casiotone, un temazo que va subiendo surfeando hacia un crescente psicodelizante muy guapo.

Insultante naturalidad, sonido oxigenado coreable, atmósferas envolventes. [Mucho, buena gente, un grupo que ha hecho las cosas bien desde el principio y por tanto cada vez más a tener en cuenta. Una formación coherente que comulga con mi innegociable filosofía ideológica musical, quizá la que la representa con más nitidez y acierto: la música es un sentimiento y por tanto la mejor y más honesta forma de hacerla es en tu lengua materna; que luego te quieras tirar el pisto con una versión de algún artista exógeno genial, pero si naces y te crías en por ejemplo Murcia o Zaragoza lo lógico es tirar de grecolatinismo y cantar en tu lengua raíz, es decir en castellano. Los complejos a la hoguera como reza un temazo de Love of lesbian. El indie cantando en español suena igual de bien o mejor que el que se lleva a cabo en inglés. La igualdad moral está asegurada, sólo hay por tanto que atreverse, lanzarse y hacer la música que te gusta con tus armas. Perarnau y los suyos son un ejemplo admiracional palmario. Un gesto recomendable y exportable a cualquier latitud].

Los bises los solucionarían con destreza a través de otro nuevo corte, Grupo revelación, a la que se adicionaría Sal de la tierra para volver a sus orígenes cósmicos acabando Martí por guitarrear un teclado y ascender su Fender al cielo de la sala (y por tanto al de Madrid) para acabar dejándola legendariamente sobre un ampli, quizá la foto de la velada, una metáfora maestra para dar protagonismo a la guitarra, el instrumento, la piedra de Rosetta rockera (y también pop) por excelencia.

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