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La bandera del gomasianismo alborotante sigue ondeando màs necesaria que nunca

Día D Sábado 3 febrero 2Ø18

Sala El madrileño Cafè La palma

Artistas Alborotador gomasio

Pese a intracontextuarse en una sala muy pequeña para la inmensa magnanimidad del combo capitalino, y pese al maldito limitador de volumen, Al, Koldo, Marcobain, Miguel; y Atilio González, que iría yendo y viniendo para hacerse dueño de las texturas teclísticas [como antaño hiciera Guillermo Vázquez y más re100temente Javier Castellanos] sonaron maravillosos, adaptándose a la perfección, como hacen los equipos grandes que pueden jugar y ganan en cualquier terreno.

Pero vayamos al turrón, y con Gomasio siempre el turrón son las canciones. Con Marco sobreponiéndose a un buen trancazo Los gomasio fueron surfeando un repertorio delicioso, que aunque no se detuviese en su brutalérrimo himno El malestar continúa, nos dejó a todos con ganas de más.

Como servidor nostradámicamente predijo días, tardes y noches antes [larga vida a los buenos audios wasapienses], el ariete de la noche fuè la tonada El final de la tarde, a la que se sumaría el temaco Parece que no pasa el tiempo, que acabó enlazándose de seguido con La reacción impotente, ese sencillo bestial que nos regalaron a finales del año pasado para ir abriendo melomanía.

Después vendría la dulce cadencia de Ciudades muertas, tema compuesto entre Mike Breñas (bass crack) y Koldo, para dar paso después a la exquisita Espíritus helados, un himno que a Pereza, Nacha pop o Los secretos les hubiera encantado sacarse de la chistera.

El mejor cuartero de la capital no se guardó nada de su último trabajo, ya que timonearon el bolo a lo largo de sus 11 cortes lúcidoresistentes. En ésa actitud y presencia Hacia el vacío sería el siguiente tema elegido / lo siguiente en sonar. Tras ella, la delicatesen homónima de su segundo álbum, Los excesos de los niños, un hit de ésos marca de la casa que se va desatando en furiosas y vibrantes guitarras sin abandonar jamás una lírica muy cuidada.

El sitio dónde empezó todo marcó el interregno de una engañosa calma, porque el ambiente iba siendo cada vez más coherente al ruidismo y los decibelios y la intensidad empezarían a descarrilar libertarios, y a destaparse del todo con En mi no hay calma; precedente para ir alargando cremosonamente los temas e implementando la magia del directo, dónde el gomasianismo se muestra cholista, fundamental, necesario, irreversible. Y es que Errores también tendió a extenderse y expansivizarse gustosamente.

La traca final, brillante, estaría más que a la altura del amor y las ganas que había de volver a verles liarla sobre las tablas.

Pero antes se marcarían un bonus premium caviar beluga 5 jotas con Luz y resistencia, temazo inédito que como ellos mismos apuntaron daría nombre a su nuevo/último/tercer disco. Momento top sorpresivizante de quedarse con el culo torcido ante tal presente, ojalá que muy pronto disponible en el Spoty y similares.

A falta de un deseado bis las 5 últimas fueron Vendaval, Detrás de mí, Contra el suelo; Agosto, bailando el caos y Rodeados.

El sonido y las atmósferas gomasiánicas siempre viajan y se deslizan por todo lo alto. `Compacto e insistente como el fragor de la lluvia, vibrantes como llamaradas, más y más intensos, vertiginosos [,] agudos, penetrante como un alfiler [,] salpican como chispas [,] frenéticos [,] veloces` (Carlo Lucarelli, La isla del ángel caído).

Desde sus orígenes legendarios de/con Más humillante que doloroso (2013), Alborotador gomasio juegan en la (superioridad moral de la) Champions del indi patrio en general y del underground antimainstream madrileñìstico en particular.

Otra velada de ruido estelar para reminiscenciar, con el anhelo de seguir acompañándoles en escenarios y festis más grandes, acordes a unos músicos y personas grandes de verdad que se derraman en cada poro de la literatomelomanía para continuar nutriendo la banda sonora vital innegociable de muchos de nosotros y nosotras.

Alborotadores, gracias de nuevo por vuestros himnos, larga vida a las buenas guitarras y a seguir en las trincheras sónicas más ambiciosas y pasionales.

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