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Entrevista a Charly Riverboy I. Irlanda y Malinche

En una de las calles del barrio de la Alfalfa de Sevilla, cerca de la plaza homónima, vive un personaje que a simple vista no encaja demasiado en el ideario de la Sevilla clásica que todo el mundo tiene en mente. Carlos Yáñez, cantante, guitarrista y compositor del grupo The Milkyway Express representa a la perfección esa cara B de la ciudad que es algo más que La Maestranza, la Giralda y el Puente de Triana.

  Carlos se desenvuelve por su barrio como pez en el agua. Se le diferencia claramente por su forma de andar, el pelo largo y la barba. Su imagen es la de cantante de rock de las películas. Sin embargo, una vez se sienta en la terraza del bar Donaire, cerveza en mano, rompe ese cliché de estrella narcisista. Se expresa de manera llana y no dice nada que no suscriba. Te habla como si fueras su amigo de toda la vida, aunque, efectivamente, lo acabes de conocer. Charly Riverboy, su nombre artístico con aires de rock sureño, congenia a la perfección con la amalgama de blues, rock, country y folk que pregona la Milky, apodo con el que se refieren al grupo los fans del mismo.

Como curiosidad, Carlos nos cuenta el extraño origen del nombre de Th eMilkyway Express. Según cuenta, en un ensayo, el bajista, Muñiz, propuso The Milkyway Express porque era uno de los múltiples pseudónimos utilizados por el legendario Frank Zappa. Al parecer, Zappa usó este pseudónimo para aparecer en un disco de Jimi Hendrix Experience a los coros y otros papeles secundarios.

“La gente de América puede escucharnos y pensar: ¡Coño! ¡Esta gente está tocando nuestro fandango!” dice en referencia al sonido western de su banda. Para él, la música trasciende todas las fronteras, “igual que puede haber un japonés dándole al cante. De hecho, los ingleses en los 60 fueron quienes enseñaron a los propios americanos su propio folklore a través de grupos como Cream, Fleetwood Mac... Los ingleses tienen un papel muy importante en toda la música que nosotros escuchamos”.

Irlanda: su tierra prometida

Charlie hablando sobre sus influencias, no solo cita a músicos, sino que también películas como las de John Ford, su director favorito, y John Wayne, a raíz de las cuales empieza a contar su particular relación con Irlanda. “Gran parte de la música que hacemos viene de ahí, del folk irlandés. Por ejemplo, Van Morrison, lo que pasa es que tiene más mala leche que un tejón”. “Los irlandeses están repartidos por todo el mundo. John Ford estuvo enseñando al mundo las tradiciones irlandesas siendo uno de los mayores directores de la época de los 40, 50 y 60. Para mí sus películas son las mejores: Las uvas de la ira, El hombre tranquilo...” Esta última siendo rodada en la tierra materna del director y con John Wayne en legendaria interpretación.

El padre de Carlos, un enamorado de Irlanda, les contaba a él y a sus hermanos acerca del encanto de la isla. De hecho, Carlos se considera “irlandés de adopción” por sus amigos irlandeses en Sevilla, con los que se junta a veces para beber por el centro de la ciudad.

“Es increíble como una isla tan pequeña le ha dado tanto al mundo: el whiskey, la música...”. Se puede observar como a Charly le apasiona la cultura irlandesa: su idioma, tradiciones, folclore... “La verdad es que me gustaría un montón pegarme allí una temporada tocando en garitos. Fui a ver a mi novia a Edimburgo, en Escocia, y lo flipé cuando vi el ambiente, la oferta de todos los garitos con música, los músicos eran todos irlandeses. Ojalá hubiera aquí todo el ambiente que hay allí. Algún día me iré para allá y alquilaré un coche para recorrérmelo todo, que además tengo un colega allí de Belfast que está en Galway y dice que aquello es de las partes más bonitas de Irlanda, aunque la gente es brava”, afirma entre risas.

  “Unos altramuces cuando puedas” le dice al camarero y, entre carcajadas, insiste: “eso ponlo también en la entrevista”.

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El largo camino recorrido

Si suelen frecuentar conciertos y festivales de rock en España, es más que probable que se hayan cruzado alguna vez con The Milkyway Express. Son 5 colegas barbudos y peludos, de estética americana y más tablas que Leroy Merlín, seguramente capaces de pegarles un buen repaso a cualquier grupo promedio de la escena nacional e internacional cargados de florituras. “Recordamos con mucho cariño al Kanina Rock, la gente de allí nos trató de puta madre. Además, La Redondela [pueblo en el que se organiza el festival] es un pueblo increíble, lo pasamos realmente bien”. En efecto, en La Redondela son recordados casi como héroes al haber encabezado la, por el momento, última edición del festival en 2013.Su interpretación de The Ballad of the Las tBreath es el perfecto resumen de aquella actuación y del espíritu del grupo en general. Un gran sentido de las texturas y los tiempos que atrapan al oyente y, lo más genuino de todo, ver Charly aprovechar el ritmo lento del blues de 12 barraspara beberse un tercio entre verso y verso.

Sin embargo, “el punto álgido en la trayectoria de Milkyway fue seguramente en el Azkena Rock de 2016”, admite Charly. Y es cierto, compartían cartel con The Who, Lucinda Williams, Imelda May, Radio Birdman... “La verdad es que fue brutal”, pero las cosas, especialmente en el rock ‘n’ roll, no siempre salen como a uno le gusta. “En otros sitios como en Alrumbo íbamos metidos con calzador”, dice en referencia a su presencia en 2015 en el festival gaditano, en el que eran de los pocos, si no el único, de su estilo.

Aunque la estética engañe, Charly es un tipo muy trabajador, siempre inmerso en proyectos, pero sin dejar de lado la guasa y el arte de su tierra. Además, pese a la sencillez con la que habla, Charly Riverboy siempre sorprende y demuestra que maneja con soltura muchas más facetas musicales de las que abarca con los Milky: “Juanito [Makandé] es amigo nuestro desde hace mucho tiempo. Yo toco también el saxofón, y con él, el Canijo [armonicista de The Milkyway Express] a la armónica y nuestro bajista formamos un grupo llamado La Mula, que agrupaba a los más sinvergüenzas de cada estilo. Juanito acababa de venir de La Línea y estaba con su primer disco buscándose las papas. Entonces nos conocimos y fuimos de gira por Cuba, donde nos hicimos grandes amigos. De hecho era compañero mío de habitación. A partir de ahí colaboró con nosotros a las percusiones en Perrorosa y en Malinche”. Hacia Juanito solo tiene palabras de agradecimiento: “Juan es un currante. De verdad me alegro de que le vaya tan bien”.

Último disco: Malinche

  Antes de entrar de lleno en el contenido del disco y sus anécdotas la charla discurre sobre la portada y el nombre. Malinche era el nombre de la indígena mexicana que contrajo matrimonio con Hernán Cortés, “Shethedevil’swoman”, como dice la pistahomónima. El tema del colonialismo en América ha estado de moda entre el grupo, sobre todo de la mano de Tony Picante, el batería. Sin embargo, la portada es un asunto totalmente diferente. “Teníamos ya dos portadas definitivas preparadas para el álbum, pero este fue un disco que nos ha costado mucho trabajo sacar por algunos momentos duretes de muchos de nosotros y nos ha costado sangre, sudor y lágrimas terminarlo. Así que un día, con la portada ya terminada, vino el Canijo y dijo: “Tío, tengo una propuesta de portada” y sacó la portada de la navaja, que significa el abrirse en canal y todo lo que ha costado el mamoneo este. Y la cogimos. Es la rabia contenida que tiene el disco”. “También tiene un atractivo icónico, es como el plátano [de The Velvet Underground]. De manera que la gente lo ve y dice: “el de la navaja””.

Se suele decir que las canciones son como los hijos, que no se puede elegir una, y aunque en muchos casos los artistas sí se expresen explícitamente sobre sus favoritas, Carlos responde al tópico: “A mí me gustan todas... No soy la persona adecuada a la que preguntarle, creo que eso hay que preguntárselo a alguien externo a la banda” dice entre risas. “Para mí todas tienen algo. The Lover es una canción que tiene muchas cosas, las letras dicen mucho” explica, echandoun vistazo a la contraportada del disco. “Olivia es una canción muy bonita que escribió Johnson [guitarrista del grupo] para su hija recién nacida” y prosigue soltando anécdotas y comentarios sobre casi cada canción. “100º City la compusimos en el estudio allí con to’ la calufa, City es un tema que surge un  poco de la magia del estudio. Es una canción que sale mucho por la tangente. Cuando lo sacamos la prensa se quedó diciendo: “¿Pero qué coño está haciendo esta gente?” y estábamos jugando un poco al despiste. Al final le cogimos mucho cariño al tema.” Acerca de Ambush at Midnight, la gente suele decirle que le recuerda a Green River de Creedence Clearwater Revival, grupo cuya influencia es notable en toda la discografía del Express. “Realmente a mí me gusta el trascurso del disco. Las canciones las veo metidas dentro de un ectoplasma”.

La anécdota más surrealista surge cuando Carlos rememora la historia detrás de la última canción del disco: Casa Jeromo. “Jeromo era un Guardia Civil retirado que regentaba una taberna en una calle paralela a Calle Feria. De hecho, lo echaron del cuerpo porque le había pegado un tiro a un nota.”, afirma entre carcajadas. Carlos es de esas personas que, por su “Nos contaba que se fue para él y dijo: ¡pum! ¡cebollazo!. Y por otro lado era modelo de las tallas de penitentes de Semana Santa. Entonces tenía el bar lleno de cosas de toreros y cosas típicas de aquí y tenía también fotos de él vestido. Nos dimos cuenta de que salía con al menos cuatro hermandades diferentes. A Jeromo lo dejó la mujer y como nos conocíamos muy bien nos contaba sus penas llorando. Además tenía frenillo. Un tío auténtico. Era nieto de Manuel Torres el cantaor y me prestó muchos libros sobre su abuelo. Todo tiene una historia”, concluye.

Casa Jeromo es junto a El Verdugo la única canción cuyo título es en español, que en palabras de Carlos, “son la manera que tenemos de reflejar que somos de aquí y lo que hacemos. No vamos a cantar en español porque no le pega a nuestra música”.

El proceso de grabación

  La dinámica creativa del grupo es heterogénea, algunas canciones salen en el local, otras “vienen hechas de casa”. Riverboy es uno de los motores del grupo, aunque todas las piezas del engranaje del expreso son fundamentales para que nada se salga de las vías. Se nota desde fuera que en el grupo hay química. “Tocamos juntos y nos conocemos desde la adolescencia. Ten en cuenta que nosotros somos amigos de toda la vida”. “Teníamos una banda de versiones de Black Sabbath, Led Zeppelin... Empezamos ensayando en una clase de parvulitos y mira donde hemos acabado. Al fin y al cabo si tienes ganas vocación y no tienes muchas florituras todas las cosas van a merecer la pena. A nosotros nos quitan la música y no somos nada”.

Charlie pasa mucho tiempo en casa, en un estudio que él mismo montó. “Vengo arrecíode estar toda la mañana en el estudio. Me pongo allí a hacer mis cositas con mis guitarras y pedales. También toco el sitar”. Desde luego, este sevillano respira música por los cuatro costados. Se le nota en sus vivencias, su manera de ver el mundo y, obviamente, en su gran talento musical. A Carlos Yáñez, aunque le gusta el cachondeo, tiene una gran filosofía de trabajo que le precede, al igual a que todo el grupo. Esto se puede comprobar en la gran elaboración de sus discos: arreglos muy pulidos, una sección rítmica muy movida y en definitiva un grupo cuyo rodaje le ha proporcionado el merecidísimo éxito que han obtenido ya en España de Norte a Sur.

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El directo

 “Venimos de tocar en un festival en Cáceres, en el Magusto, un festi que está organizado de puta madre.Desde que sacamos el disco en abril o mayo de este año no hemos parado de girar dando conciertos y promocionando el disco por la geografía española entera. Hemos tocado en esta gira en festivales también, como el Sonoramay salas como El Sol en Madrid en la noche americana que organizan los Honeydripper. Salió todo del carajo, un ambientazo que te cagas”.

“Ya hemos terminado la primera parte de la gira, aunque nos hubiera gustado tocar más. Ahora estamos en Sevilla para planear la segunda, que será a partir de febrero, aunque no haya nada cerrado todavía. Estees nuestro año”. Charly profundiza en sus impresiones de la gira: “Esta parte del año nos ha servido para probar. Siempre que hay un show nuevo hay que comprobar las dinámicas porque no tiene nada que ver el show con las canciones. Hay que hacer que la gente no se venga abajo, que no empiecen a volar demasiado...Ahora hemos empezado a cogerle el rollo, hay algunas que nos gusta mucho tocar, como el Ambush, que cuando la empalmamos con Pecado es una parte del bolo esquiso. Veníamos con el Perro Rosa [su penúltimo disco] ya en vena y este en directo nos ha costado tiempo, trabajo y cagarla bastante”.

“Yo algo que aprecio como espectador es que el grupo sean amigos y estén unidos, que se les vea como una banda de rock”.Su química viene del fuerte vínculo de amistad entre miembros pero también del trabajo duro y la convivencia. En palabras de Carlos, “en el grupo las peleas son importantes, en el trabajo en grupo siempre se discrepa “En la convivencia a veces te cagas en la puta madre de alguien pero las peleas se desechan y no se queda nada guardado. No todo va a ser risas, aunque en nuestro caso el 99.9% son risas a jierro.  Sabemos que no hay maldad ninguna aunque nos caguemos en la puta madre del otro veinte mil veces”.Las miles de historias que cuenta la voz de los Milky reflejan las tablas que tiene el grupo. Han tocado para 10 personas, en bares cutres, en festivales de renombre internacional... En resumen, de su experiencia se concluye que, como diría Bon Scott, It’s a longway to the top if you wanna rock ‘n’ roll.

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