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El Tony de Fuentes Guerra

El Tony de Fuentes Guerra

“…Esta vez la función la veré desde otro lado.”(Prim´ La Lá, Santa Clotilde)

Cuando Córdoba fueron los discos, los cigarrillos Rex, el ferrobús y la Meca de los Pantalones; cuando éramos tan jóvenes que apenas llegábamos a los quince de la canción; cuando el pelo aviesamente largo y el pantalón de campana no eran sino una forma de decir «abran paso, que viene la juventud de ahora»; cuando la juventud de siempre cambió aquella España por otra nuevecita (y muy musical); antes de que nuestra España, nuevecita, fuera saqueada por los mercaderes del templo...

En la Foto de cabecera: Tony Llamas junto a David Fuentes Guerra (década de los 80)

Cuando Córdoba fueron los discos, los cigarrillos Rex, el ferrobús y la Meca de los Pantalones; cuando éramos tan jóvenes que apenas llegábamos a los quince de la canción; cuando el pelo aviesamente largo y el pantalón de campana no eran sino una forma de decir «abran paso, que viene la juventud de ahora»; cuando la juventud de siempre cambió aquella España por otra nuevecita (y muy musical); antes de que nuestra España, nuevecita, fuera saqueada por los mercaderes del templo...

El Tony de Fuentes Guerra (Antonio Llamas Duarte) reinó tras el mostrador de los discos (con sus ojos muy claros), desde los tiempos de lo que llamábamos música progresiva, el rock de los setenta, hasta la nueva ola ochentera. A los aficionados de entonces nos gustaba que Tony se enrollara (de bien) y nos probara el disco que pensábamos comprar (o a lo peor no). Se escuchaba allí mismito con los cascos enganchados al mostrador. Los más mirados insistíamos en llevarnos un ejemplar distinto del de prueba, por lo del peso de cada aguja.

Cruzcondear por Cruz Conde era pasar a ver discos por Fuentes Guerra o, muy cerca, por Suhisa; hasta que Córdoba cambió su Plaza de Toros de los Tejares por las nuevas Galerías Preciados. Galerías trajo una buena sección de discos, que completó el panorama local. Luego vino Madrid (o Sevilla) Rock.

El Tony se ha muerto en diciembre y en Priego de Córdoba, a los 55, y lo echamos de menos por las tabernas del centro y por las trastiendas de los festivales. Es parte de nuestra vida musical de siempre (que es parte muy importante de nuestra vida), la fiel infantería de los conciertos, la cresta de la ola de un momento, el brillo de los ojos que no queremos perder.

Fin del duelo. Adelante. Con mi copa de montilla brindo por los de ahora: por Amador y Pedro Pablo, por el Bañitos y Felipe, por los Bellido y Moreno, por el Montes y Aguilar, por Fernando y por Francisco, por Emilio, por el chavalito que empieza (¡suerte chaval!). Como en el juego: por mí y por mis compañeros. Ni una sola lágrima. Rebeldía musical.

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