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Una «rubita» con talento

Una «rubita» con talento

Collage por Juan Carlos Espejo

Debbie Harry explicaba al magazine británico Fabulous, este pasado mes de junio de 2013, que « sigo pensando como si aún tuviera 20 años. Lo único que ha cambiado es que no puedo irme de juerga toda la noche». En la entrevista concedida a esta revista del influyente periódico The Sun, la cantante del famoso grupo neoyorquino Blondie, cree que «los hombres están todos locos», duda que se haya conseguido la supuesta «igualdad» social entre sexos, opina que el sexo es algo muy importante en la vida y le horroriza lo que ella considera como una cirugía facial exagerada. Entre sus planes inmediatos está el seguir tocando en directo con Blondie y no le parece nada mal que el grupo One Direction haya versionado su One way or Another de 1977. La que fuera diva de la escena punk de finales de los setenta también se encarga de desmentir, con sus inteligentes respuestas, la imagen que algunos tienen de ella, y que arrastra desde sus inicios, de mujer fatal, intrascendente, amante de los excesos y del Show Business.

Esa percepción errónea de su vida cambió definitivamente cuando Legs McNeil y Gillian McCain publicaron en 1996 su libro Por favor, Mátame. En esa conocida historia local del punk neoyorquino, Debbie aparece como una mujer más bien sensata, comparada con el resto de protagonistas, muy amiga de sus amigos y a la que en realidad le molestaba muchísimo la fama. Por otra parte no hay que olvidar la importante circunstancia de que dejara el mundo del espectáculo en 1983 para cuidar de su, por entonces, compañero sentimental y también fundador de Blondie, Chris Stein. Como todo el mundo sabe, le diagnosticaron una enfermedad auto inmunitaria y poco común llamada pénfigo que casi acaba con su vida. Debbie se mantuvo a su lado, le cuidó y de este modo, Blondie se disolvió. La pareja siguió junta hasta el año 1989, tras quince años de relación, y hoy en día continúan colaborando y siendo amigos; incluso Debbie es la madrina de las hijas de Chris con la actriz Barbara Sicuranza con la que se casó en 1999.

Deborah Ann «Debbie» Harry nació el 1 de julio de 1945 en Miami. En 1967 se trasladaba a Nueva York donde trabajó como bailarina y modelo para Playboy. A finales de los sesenta iniciaba su carrera musical en la banda de folk rock The Wind in the Willows y a mediados de los setenta conoció al guitarrista Chris Stein, de The Morticians, con el que formó Angel & The Snake, que después pasó a llamarse Blondie en 1975. El nombre procedía de un «piropo» de un camionero que le llamó «rubita» entusiasmado por el color de cabello de Deborah. Con Jimmy Drestri (teclado), Clem Burke (batería) y Gary Valentine (bajo), empezaron sacando los discos Blondie (1976), Plastic Letters (1977), Parallel Lines (1978) y Eat to the beat (1979), llegando a lo más alto de las listas con canciones como Heart of Glass, Sunday Girl, Atomic, Dreaming o Call me. En los ochenta, Blondie edita Autoamerican (1980), y The Hunter (1982). Al año siguiente se disuelve la banda que no volvería a tocar hasta 1998 con su séptimo álbum No Exit (1998). Más tarde editan The Curse of Blondie, (2003) y siete años después volverían a grabar un nuevo álbum llamado Panic of Girls.

Con Blondie, Debbie ha vendido más de 40 millones de discos. Por otra parte está toda su carrera en solitario, sin desperdicio alguno, y sus no menos famosas colaboraciones cinematográficas. Su vida profesional ha estado cubierta casi siempre con un pesado manto mediático de «icono sexual» que sigue aún hoy en día asociado a su figura. Su estilo, sus poses en el escenario, su ropa, su relación visual con la cámara, influyó a muchas otras divas musicales posteriores que la imitaron, con mayor o menor fortuna, hasta la saciedad. Hoy en día, a sus extraordinarios 68 años, continúa sorprendiéndonos en los conciertos de Blondie y nos demuestra, una y otra vez, que es una gran mujer con un talento igual o mayor que su enorme atractivo físico. Tal y como le aconsejó su propia madre cuando era una adolescente, sigue pensando como si tuviera aún veinte años y esa actitud frente a la vida es, sin lugar a dudas, el auténtico secreto de su eterna juventud.

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