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Charlotte Gainsbourg

Charlotte Gainsbourg

Deslizándose por la vida con encanto.

Comenzar a escribir sobre la actriz y cantante de origen anglo-francés Charlotte Gainsbourg te lleva inevitablemente a mencionar a sus flamantes progenitores. Su padre, el mítico cantante y compositor francés Serge Gainsbourg (1928-1991), revolucionó el panorama musical durante casi cuatro décadas. En su prolífica carrera innovó en estilos tan variados como el jazz, el funk, el pop, el reggae e incluso el rock sinfónico. Su personalísima voz grave y las letras de sus canciones, cargadas de poesía, cinismo y un alto contenido erótico, lo convirtieron en un referente de la modernidad, cuya obra sigue en plena vigencia e influyendo a un gran número de artistas. Su madre es la cantante y actriz británica Jane Birkin (1946 - ), un auténtico mito sexual en los años 60 y 70. Conoció a Serge cuando este ya rondaba los cuarenta y se encontraba en plena ebullición artística. Juntos iniciaron una relación personal y creativa de lo más fructífera. Serge la convirtió en su musa y supo adaptar melodías y letras para sacar el máximo provecho al sex-appeal y la voz frágil y sensual que hizo única a la hermosa Jane.
 
En julio de 1971 veía la luz del mundo la mejor obra de ambos artistas, su hija Charlotte. No hay evidencias científicas de que la creatividad esté en los genes. En este caso es evidente que fue el entorno en el que se crió la pequeña Charlotte el que alimentó su don creativo. Mucho antes de aprender a leer o escribir, esta ya sabía bien lo que era un estudio de grabación y un plató de cine.
 
Comenzó su carrera artística con apenas 12 años cantando junto a su padre la canción Lemon Incest del disco Love on the beat en 1983. Como era de esperar la canción y el videoclip causaron un gran revuelo. La visión de ese hombre no tan mayor (pero sí bastante cascado por el abuso del alcohol y el tabaco) junto a esa niña de apariencia angelical, en una cama gigante y entonando frases como “el amor que nunca haremos juntos” resultaba cuanto menos turbador e inquietante, la verdad.
 
En esa misma época Charlotte debuta con gran éxito en el cine y en 1985 consigue su primer Cesar (premios del cine Francés) por L'effrontée de Claude Miller. Si tenéis ocasión os recomiendo ver en YouTube el vídeo de la entrega del premio. A este trabajo le seguirán una serie de películas donde sus interpretaciones como niña/adolescente resultan magníficas recreando con gran naturalidad los conflictos y eternas preguntas propias de esa edad. Su rostro, que refleja una vulnerabilidad característica, es conocido por el público desde muy niña. Esto crea una gran empatía y cariño casi familiar hacia su persona, por ser quien es, venir de donde viene y por supuesto, hacerlo tan bien como lo hace. Te podrá gustar más o menos, pero nunca se le podrá negar su talento natural.
 
En 1986 su padre compone para ella el disco Charlotte For Ever y también realiza una película con el mismo título. Bajo la influencia de Vladimir Nabokov, Serge Gainsbourg convierte a su hija en su nueva musa y particular Lolita. Después de esta temprana y polémica incursión en la música, Charlotte continuará trabajando y creciendo en el cine, afianzando cada vez más su carrera como actriz.
 
En 1991, tras la muerte de su padre, la posibilidad para Charlotte de volver a la música resulta remota. Habrán de pasar 20 años hasta que vuelva a grabar un disco. En 2009 decía lo siguiente en una entrevista para la revista Rolling Stone: «Mi primer disco lo había hecho con mi padre, gracias a mi padre, a causa de mi padre, para mi padre. Y, sin él, no veía por qué y me parecía imposible.»
 
En este período continúa sumando títulos a su carrera como actriz y su entrada de nuevo en la música se va dando poco a poco en forma de colaboraciones con cantantes como Etianne Daho, su propia madre, o incluso Madonna, que toma su speech en la película The Cement Garden, como introducción a su canción What it feels like for a girl del álbum Music.
 
Será tras tomar contacto con el grupo francés de música electrónica Air, (músicos que ella sigue y admira) cuando la idea de hacer un nuevo disco empiece a adquirir forma, hecho que finalmente se materializa en 2006 con el lanzamiento de su segundo álbum titulado 5:55. El disco contó con la producción de Nigel Godrich (Radiohead, R.E.M., Beck…). A las composiciones musicales del dúo Air, se sumaron las letras de Jarvis Cocker (Pulp) y Neil Hannon (The Divine Comedy) todos ellos admiradores de la obra de Serge Gainsbourg y dispuestos a arropar con su talento y estilo a Charlotte. Con este plantel de artistas es difícil que el disco pase desapercibido y su escucha resulta de lo más placentera. La atmósfera musical de Air envuelve la mayoría de las canciones que van desde las baladas intimistas hasta el pop electrónico más sofisticado. Charlotte (que no posee un amplio registro vocal) se revela aquí, con su voz sensual y sugerente, como una fabulosa intérprete de estados que abarcan la nostalgia, la soledad, el miedo o el sexo.
 
Entre las once canciones del disco (la mayoría cantadas en inglés) destacan la fabulosa The Songs that we Sing, AF607105 (los detalles de un vuelo transoceánico), The Operation, Little Monsters, Set Yourself on Fire o la balada Beauty Mark.
 
Para su siguiente trabajo musical cuenta con Beck, niño pródigo del rock indie. En 2009 aparece IRM (imagen de resonancia magnética) un álbum en parte inspirado por la dramática experiencia de Charlotte tras sufrir un accidente de esquí náutico en 2007 y que estuvo a punto de costarle la vida. Lejos de transmitir un mensaje triste o demasiado emotivo, el álbum exalta la visión optimista hacia la vida, donde se agrupan preciosamente hilvanados, 13 temas de diversos estilos musicales y todos con el inconfundible sello de Beck, que compone y escribe, bajo la supervisión de Charlotte, todos los temas. Un disco espléndido, en definitiva, que consolida a Gainsbourg como una vocalista a tener en cuenta y una interprete, de gran sensibilidad, que sabe amoldarse y desarrollar su propio estilo a través de los artistas que colaboran con ella. Todas la canciones de este disco son recomendables, a mi especialmente me gustan mucho La Collectionneuse y Le Chat du Café des Artistes, que suponen un acercamiento actual y maravilloso a la obra de su padre.

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