Alaska, a quién le importa… | Revista independiente de música

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Alaska, a quién le importa…

Alaska, a quién le importa…

Collage: Juan Carlos Espejo

De «Olvido Gara» hay una, pero de «Alaska» y otros pseudónimos por los que es conocida como «el huracán mexicano», «Lupita la trailera» o «The Mexican Acid Queen», ha habido, hay y habrá tantas como quiera ella o como se les antoje a los medios de comunicación de este país.

Nació en Ciudad de México un 13 de junio de 1963 y desde los 14 años su vida ha transcurrido indisolublemente unida a la música y al espectáculo en múltiples formas, contenidos, y objetivos tanto comerciales como existenciales. En su trayectoria artística ha vendido más de 15 millones de discos participando en numerosos y conocidos proyectos como son Kaka de Luxe, Pegamoides, Dinarama y Fangoria. No es menos famosa su actitud en favor de las personas gays, lesbianas, y transexuales, así como en defensa de los derechos de los animales protagonizando campañas, por ejemplo, en contra de las corridas de toros.

Alaska es hija de la década de los sesenta, criada ante la televisión viendo series de superhéroes y monsters. Al mismo tiempo que se interesa por la música, lo hace por la estética marcada por el Glam. En Madrid conoce a Fernando Márquez el Zurdo, colabora en fanzines, y monta con él, así como con otros inquietos jóvenes madrileños llamados Nacho Canut, Carlos Berlanga, Manolo Campoamor, Enrique Sierra y Pablo Martínez, el grupo de punk pop, Kaka de Luxe. Algunos de esos músicos le acompañarían en diferentes tramos de su carrera hasta la actualidad.

Tras un famoso Ep, la banda se separa y se forma Alaska y los Pegamoides entre numerosos grupos que marcaron la llamada movida madrileña. Olvido debuta en el cine con Almodóvar y al poco se unen a su vida artística Ana Curra y Eduardo Benavente. Tras una más que considerable repercusión en los medios especializados, los Pegamoides desaparecerían en 1982, año en que entra en acción otra Alaska más interesada por el misticismo y la edad media, respaldada por los Dinarama, Carlos y Nacho, entre otros. En esa época, el grupo sigue cosechando numerosos éxitos, su música salta a Sudamérica y, a finales de 1989, desembocan mediante el house y la electrónica, en un nuevo proyecto llamado Fangoria.

En los noventa, Alaska empieza a colaborar con programas de televisión de variado índole, al mismo tiempo que potencia su vertiente más frívola y glamorosa con un club de fans llamado Fan Fatal. En esta década, su música se ve influenciada por el trip-hop y la darkwave, y se casa con Mario Vaquerizo con quien protagonizará, a partir de la década de los dos mil, numerosas escenas de interés comercial para las revistas del corazón. Ese acelerado proceso mediático culmina con la oferta de la cadena de televisión MTV que les propone un programa con el formato de reality show del que en julio de 2013 terminaban su tercera temporada. Por otra parte, su producción musical, destinada principalmente a las pistas de baile, no decae y mezcla el techno, el rock, el glam, o incluso la copla y las baladas. El undécimo álbum de estudio de Fangoria, último hasta el momento, salía a la venta en febrero del 2013.

Desde los ochenta hasta la actualidad, Alaska ha ido cambiando, quitando y añadiendo, según le ha apetecido o necesitado, siempre con una estrategia tan potente como clara para perpetuarse en el mundo del espectáculo. Probablemente, ese largo camino de varias décadas no le ha resultado siempre tan fácil como pueda aparentar. Sus amigos, los auténticos, seguirán ahí a su lado desde el principio, porque tampoco es que haya cambiado mucho en todos estos años, y eso, le honra. En cuanto a sus enemigos, la mayoría tan reacios a su trabajo como a todo lo que representaron los ochenta en este país, seguirán viendo en ella a alguien irrelevante que tiende a la exhibición egocéntrica, cuando en realidad es de las pocas artistas de este país que ha resistido el paso del tiempo con la misma desfachatez y energía que le caracterizaron en sus aclamados inicios. A mi modo de ver, la gran diferencia entre unos y otros, defensores y detractores, radica en comprender con exactitud que Alaska no cantaba porque sí la letra de su gran éxito de 1986: A quién le importa.

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