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Lõbison y su Perro Amor

Lõbison

Lõbison es un trío sevillano que surge de la evolución de los extinguidos Falso Cabaret. Suenan oscuros, densos, románticos e intensos y se sienten cómodos fuera de cualquier etiqueta establecida.

Su directo arrollador ha ido madurando a lo largo de los últimos años, tiempo en el que han compartido escenario con Dominique A, quien destacó su «elegancia, buen sonido y buena voz», American Music Club, Guadalupe Plata, Lonely Drifter Karen, The Pains Of Being Pure At Heart o Christian Kjellvander, entre otros.

Ahora nos presentan Perro Amor, su nuevo álbum y primero como Lõbison. Otra de las buenas bandas de la cantera de Green Ufos.

Cuando un disco empieza con una canción con un título como Mi gran día y el estribillo es una frase tan demoledora como «lo peor de no tenerte es disimular que todo marcha bien» sabes que lo que estás escuchando no es otro disco más. Esa contundencia sólo puede ser el resultado de un genuino exorcismo emocional. Igual poderío sentimental y musical destilan composiciones como Un buen hombre, dedicada a la figura paternal, esa carta de amor desesperada y vigorosa que es Encuentra mi necesidad o cualquiera de los temas de este conmovedor Perro amor de LÕBISON.

En su anterior etapa como Falso Cabaret, ya mostraban una intensidad eléctrica y un romanticismo lírico casi inéditos en la escena nacional, pero han tenido que sucederse una serie de catarsis personales y como grupo para que el universo sonoro y narrativo de LÕBISON revele su verdadera dimensión. Un mundo de paisajes lunáticos y rebeldes en los que el hedonismo de sus protagonistas gangrena un cancionero apasionado y traicionero. LÕBISON es el séptimo hijo, ese animal inadaptado, incómodo y en continua caída libre que, con sus rituales de cortejo y fetichismo, se atrinchera en su malestar.

LÕBISON suenan oscuros, densos, románticos e intensos. En la base rítmica, los fuzzes y zumbidos post-industriales de Santi García al bajo (ex Amphetamine Discharge) se alían a la perfección con la energía instintiva y la solidez de David García a la batería (ex Maga). Ambos ponen el andamiaje perfecto para las coplas que vocea Jumaba d’Estroso, protagonista de unas historias que muestran su incapacidad para amar y la improbable posibilidad de ese anhelado abrazo de perdón. Además está su guitarra, con una sexta cuerda floja que parece no encontrar nunca la calma, como una orquesta de taladradoras eléctricas destrozando muros.

Si LÕBISON estuvieran pagando por sus antiguos pecados en el Purgatorio estas plegarias hechas disco les redimirían de unos cuantos, ocho canciones purificadoras que les alejarían del infierno y les situarían más cerca del Cielo, de la Gloria que merecen.

LÕBISON surgieron en verano de 2012 de los rescoldos de Falso Cabaret, grupo que en 2011 debutara con Para muchas amigas mías, un primer y único álbum que sonaba a veteranía, a trayectoria y a mil batallas sufridas, y con el que recibieron excelentes críticas del periodismo especializado. Su sonido es arrollador e intenso, pero fiel a la tradición romántica de Jaques Brel, Kart Weil o Tom Waits, algo así como si Nino Bravo liderara Joy Division.

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